Jueves 05 de Agosto de 2010
No por reiterativo me veo en la obligación moral una vez más de agradecer los servicios que presta el sanatorio Parque como centro asistencial de excelencia que prestigia la tarea médica en nuestra ciudad. Días pasados, mi esposo Oscar Lovesio tuvo una delicada afección conocida como pancreatitis que lo obligó a ser internado primeramente en la sala de cuidados intensivos y luego durante una semana en dicho nosocomio, donde le fueron practicados una serie de estudios de alta complejidad por parte del grupo de médicos a cargo de los doctores Carlos y Luciano Lovesio, con el objeto de aliviar el grave cuadro clínico en cuestión. Seguidamente, el 8 de junio del corriente año, fue sometido a una delicada intervención quirúrgica por el equipo médico conducido por el doctor Alejandro Edgardo Rolle y colaboradores. Ahora bien, en una sociedad donde cada día más se apodera de sus integrantes el sentido de la mediocridad, el pesimismo y la falta de esperanza, resulta grato destacar la buena noticia que no se publicita en los medios de comunicación, cual es la de aliviar en silencio y con idoneidad profesional el dolor del prójimo. Es por ello que mi agradecimiento y el de mi hija se extienden en la ocasión a todos los que de una u otra manera se brindaron generosamente, en el carácter de cirujanos, anestesistas, camilleros, enfermeras, mucamas y personal administrativo, para llevar adelante con reconocida capacidad profesional la esmerada atención médica que concluyó con total éxito. Dios los colme de bendiciones a todos ellos, y mi eterno reconocimiento por la labor que llevan a cabo diariamente con el objeto de hacer realidad el juramento hipocrático de servir en el sufrimiento del dolor al necesitado.
Ana Rosa Freyre de Loverio, Ileana Lovesio Freyre