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Reclamo firme y conmovedor de los vecinos por el quiosquero asesinado

Amigos, familiares y clientes del comerciante muerto en un asalto el viernes pasado manifestaron frente a la comisaría 1ª. Unas 500 personas se unieron anoche para pedir que se esclarezca el crimen de Jorge Massin.  

Martes 28 de Enero de 2014

"Jorge: te conocí cuando iba a primer grado a la escuela Rivadavia. Hoy tengo 24 años. Desde el viernes no puedo dejar de pensar en lo que te hicieron. Si eras un pan de dios. Silvina". Prolijamente escrito, tal vez con un fibrón comprado en el mismo negocio de la esquina de Mendoza y Juan Manuel de Rosas donde estaba pegado, el afiche sintetizaba el sentimiento de los vecinos para con Jorge Eduardo Massin, el comerciante de 53 años asesinado el viernes pasado a las 7 de la mañana cuando acababa de abrir su maxiquiosco.

Sin embargo, la masiva marcha que más de 500 personas protagonizaron ayer a la tarde en esa esquina y frente a la comisaría 1ª, ubicada a una cuadra y media, no fue sólo un acto para recordar a un vecino muy querido y apoyar a su familia sino también una manera de manifestarse ante cóctel de violencia que se agita cada vez con más virulencia en las calles de la ciudad.

Por escrito. Rebote de la manifestación que el sábado aglutinó a unos 300 vecinos frente a la seccional de Juan Manuel de Rosas al 1300, la marcha de ayer estaba convocada para las 19. A esa hora, en rigor, no estaba claro si sería una marcha o sólo una reunión de no más de cien personas de todas las edades —muchas señoras y señores mayores, muchos padres jóvenes con hijos en brazos y hasta grupos de adolescentes— y vestuarios, aunque con algo en común: los ojos rojos, a punto de llorar.

Algunos se acercaban a Nora y Francisco, la esposa y el hijo de Jorge para darles su apoyo. Otros aportaban más afiches —grandes, pequeños, con birome, fibrones o impresos— a los que ya cubrían la fachada del comercio. "Jorge: un ser excepcional", decía uno firmado por dos vecinos. "Tu sonrisa, tu paz, tu caballerosidad, tus consejos y tu comprensión", rezaba otro cartel que daba cuenta de que Jorge era mucho más que el quiosquero que más temprano abría en el barrio para resolver los problemas de los chicos que se habían olvidado de decirle a la mamá que ese día debían llevar un mapa a la escuela.

Pero no todas las pancartas recordaban a Massin. Pronto comenzaron a aparecer vecinos de otros barrios que han pasado por tragedias similares a la de esta familia de barrio Martin. Entre ellos, Cristina clamaba desesperada justicia por el doble crimen de su hija Laura y su nietita Mía, asesinadas hace poco más de un año en su casa de Espinosa al 6600.

A ella se sumaban, con pancartas y remeras estampadas, familiares de Nahuel Zalazar, Antonio Silvero y otros 23 jóvenes asesinados en los últimos dos años en casos que en su gran mayoría aún no fueron esclarecidos, más allá de un par de arrestos. "Hace dos semanas estuvimos en la zona sur y ahora venimos acá", contaba Claudia, madre de Nahuel y e impulsora de una organización que aglutine a las familias que atraviesan su mismo dolor.

Como la de Melani Navarro, que llegó caminando por Mendoza cerca de las 19.15 con una pancarta recién hecha. "Justicia por Melani. Cinco años, toda una vida por delante", decía el cartel como epígrafe de una foto tan llena de vida como la niña muerta una semana atrás en un tiroteo mientras jugaba en la puerta de su casa de Flammarión al 4900.

Debates. Cada minuto traía más vecinos y manifestantes. Y así, a la consternación inicial y al dolor escrito, se agregaban charlas entre vecinos preocupados e indignados. "Nuestra consigna es: justicia para las víctimas y seguridad para los que seguimos vivos. Es sencillo", resumía Alberto, comerciante de la cuadra y vecino de zona sur, una de las líneas de la manifestación.

Eran las 19.20 y el momento de los debates cara a cara. "Quisiera saber dónde están los concejales", reclamaba Oscar. "Dejalos. Esto no tiene que politizarse en ese sentido", le respondía otro vecino. Un ex futbolista que vive en la zona repartía un escrito con sus impresiones generales sobre la situación.

Algunos no podían ir más allá de la queja. Otros enfocaban en la búsqueda de soluciones, entre la utopía y la obviedad. Una chica juntaba firmas para una ley de protección de testigos "que en la provincia no hay", explicaba birome en mano. El denominador común: críticas generalizadas y apasionadas contra la policía, la clase política y los medios de comunicación.

Cantando. Todavía no eran las 19.30 cuando, de pronto y sin que estuviera establecido de antemano, la concentración se convirtió en una columna de palmas y cánticos en dirección a la comisaría. En tres minutos, al menos unas 500 personas se agolpaban frente al portón por el que algunos ingresaron a buscar a alguna autoridad policial.

Minutos después salió el comisario Claudio Peralta, inspector de zona Nº 1, quien se acercó a los familiares de Massin. La viuda del comerciante le recriminó a viva voz tanto por el esclarecimiento del crimen como por la situación de inseguridad que vive el barrio. "Señora, mi familia también vive en este lugar", le dijo Peralta, como para reforzar sus palabras de compromiso. "Ustedes no hicieron nada y tampoco me lo van a devolver", respondió la mujer.

El diálogo se desarrollaba entre insultos, reclamos y pedidos de silencio por parte de los manifestantes. Una señora clamaba por la plaza de 1º de Mayo y Mendoza, "un hervidero de todo, y nunca hicieron nada". "Ayer robaron un auto en la otra cuadra", decía un joven.

Pronto Peralta comenzó a recibir reclamos e ideas de los vecinos. La señora que pedía cámaras, el anciano que pedía perpetua y el señor que le decía al inspector: "Cómo salen con las sirenas prendidas, es una idiotez. ¿No ven que así los choros se dan cuenta de que hay una patrulla?". Otra señora le comentaba al oficial: "Hay mucha connivencia, la policía está mal mirada".

Tampoco faltaban los cultores de esas estúpidas soluciones exterminadoras tan en boga en las redes sociales, como una joven que gritaba por lo bajo, buscando miradas cómplices: "Hay que matar a los negros". Como si la hubiera escuchado, otra vecina declaraba luego a un medio: "No queremos venganza, porque la violencia nos está destruyendo como sociedad".

Luego de charlar en la vereda, los familiares de Jorge continuaron el diálogo con Peralta adentro de la comisaría. "Todas las fuerzas policiales están investigando el caso", dijo el inspector a este diario cuando le preguntó si había novedades en la pesquisa.

"Adónde está la policía que nos tiene que cuidar" comenzaron a cantar los manifestantes, antes de seguir con los cuestionamientos a la clase dirigente. También algunos cantaron "qué se vayan" durante unos segundos, consigna que careció de destinatarios tanto como de adherentes.

Mañana. "Muchachos, la culpa es de los políticos, vamos a la casa de ellos", vociferó un joven que propuso "ir a visitar" al ministro de Seguridad Raúl Lamberto. "Está de vacaciones", respondió otro, como si fuera un pase gol a una rechifla de los manifestantes.

"Algunos vecinos nos ocupamos desde el viernes de buscar respuestas", dijo en un momento Alberto, uno de los voceros de los vecinos, al anunciar que el jueves a la mañana serán recibidos por ediles de la comisión de Seguridad del Consejo. "Tal vez no encontremos las respuestas que necesitamos, pero este es el camino. Las instituciones nos tienen que dar respuestas", agregó, además de destacar la presencia de los familiares de víctimas llegados de otros barrios.

Mientras algunos trataban de impulsar otra visita al ministro de Gobierno Rubén Galassi —trascendieron, en ese sentido, dos o tres supuestos domicilios cercanos— la mayoría volvió al lugar donde todo empezó el viernes a primera hora. Durante unos minutos cortaron la calle mientras comenzaba a caer una lluvia incierta.

Al rato regresaron Nora y Francisco y volvieron a recibir el afecto del vecindario. Tal vez sea esa la única respuesta que la comunidad rosarina pueda brindarle ante tamaño dolor. Tal vez no.

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