Viernes 16 de Abril de 2010
La marcha de los familiares, amigos y vecinos del heladero Diego Gurruchaga para reclamar
justicia por el comerciante baleado el 4 de marzo pasado tuvo un contrapunto ríspido con el jefe de
la comisaría 5ª que controla la zona donde ocurrió el violento episodio. En la seccional, en el
atardecer de ayer, algunas de las 500 personas que, un rato antes, se habían congregado en la
esquina de Dorrego y 27 de Febrero, a pocos metros de la heladería La Gata Alegría, lanzaron serias
acusaciones contra los efectivos policiales por su inefacia, según dijeron, para prevenir la ola de
robos que ocurren en la barriada. Mientras las imputaciones no cesaban, un cántico de algunos
jóvenes reflejaba la bronca de quienes estaban allí. “Yo sabía que la 5ª al barrio no lo
cuida”, resonaba en la calle.
A Gurruchaga lo balearon en el local de 27 de Febrero al 1900, situado
debajo de la casa donde vivía con su madre y tres hermanos, y murió once días después en el
Hospital de Emergencias. A las 20.15 del día trágico Diego estaba detrás del mostrador cuando
irrumpieron dos sujetos armados que llegaron en una moto. Según contaron vecinos, los ladrones
encañonaron al comerciante y le exigieron la recaudación del día. Se ignoraba si el joven resistió
el asalto, pero en un momento un disparo sobresaltó a la madre del comerciante, quien bajó de la
planta alta al negocio y se encontró con su hijo tirado en el suelo y con la cabeza ensangrentada.
A las 19 de ayer, los redoblantes y tambores que sostenían algunos
amigos de Diego retumbaban en el cruce de 27 de Febrero y Dorrego. A unos pocos metros, algunas
pancartas completaban el paisaje. “Desde el cielo pido justicia”, rezaba uno de los
carteles con el rostro dibujado del muchacho asesinado. En otra pancarta se exigía “Rosario
exige seguridad”.
Un rato después, los manifestantes marcharon hacia la comisaría 5ª y
allí los ánimos se caldearon. En la puerta de la seccional Marchaestaba el comisario Silvio
Marciani junto a otros uniformados. “Si no tiene capacidad y los medios renuncie. Esta es una
de las comisarías que tiene más delitos”, le gritó un hombre a Marciani. El oficial apenas
balbuceó una respuesta casi inaudible.
Un rato antes, Damián, el hermano de Diego, de 24 años, había reclamado
justicia por el crimen de su familiar. “Hay que cambiar la ley sobre minoridad. Es
incoherente que un chico de 15 años salga a matar libremente. Qué hay que esperar, que cumpla los
18 años para que quede preso”, afirmó el muchacho.