Miércoles 17 de Junio de 2015
Despues de 30 años, tuve la dicha de reencontrarme con una amiga en un convento de Carmelitas de Clausura. Luego de algunas llamadas telefónicas, logramos el encuentro. Fueron unas horas deliciosas, donde comprobé su alegría, piedad, tranquilidad, sentido comun, y que está al día de las cosas que pasan a nuestro alrededor y mucho más. Compartimos fotos de la familia, recordamos nuestra infancia, nuestras amigas, nos reímos mucho. Pero, en lo que en realidad quiero hacer hincapié es en que son personas como nosotras, con la diferencia que Dios las llamó para esa vocación, como tantas otras consagradas; y a nosotros, en cambio, Dios nos llama a estar en medio del mundo. Lo último que agrego es que hasta tuvieron el detalle de convidarme con un tentenpié, y me regalaron un hermoso CD con canciones compuestas por ellas. Costó despedirnos. Creo que en este año dedicado, en la Iglesia, a las vidas consagradas, lo mejor que podemos hacer es rezar por sus vocaciones. De esta manera seguirán sosteniendo al mundo y a nuestra querida Argentina, que tanto lo necesita.
Cecilia Goyret