Recemos por el Papa Francisco
Hace más de un año, en la tarde del 13 de marzo de 2013, nos enteramos que el cónclave de los cardenales reunidos en el Vaticano había elegido al nuevo Papa.

Sábado 22 de Marzo de 2014

Hace más de un año, en la tarde del 13 de marzo de 2013, nos enteramos que el cónclave de los cardenales reunidos en el Vaticano había elegido al nuevo Papa. Y cuál fue nuestra sorpresa al ver que el mismo era Jorge Bergoglio. Nos invadió la alegría, el entusiasmo y reconozco que me emocioné, se me puso la piel de gallina, y la primera reacción fue llamar a algunos familiares y amigos para compartir esa emoción. Ese Bergoglio, que caminaba las calles de Buenos Aires como uno más, que viajaba en colectivo, que compraba el diario personalmente a su canillita amigo y vecino, que decía fuertes y profundas homilías sobre la crisis social que se gestaba y que hoy estamos viviendo. Y que eso le valió que el actual gobierno nacional le vaciara los tedéums en las fiestas patrias del 25 de Mayo o del 9 de Julio, porque no coincidía con sus críticas. Ese Jorge Bergoglio que, una vez transformado en Papa Francisco, no dudó en pagar personalmente la habitación del hotel donde se alojó previo a las reuniones cardenalicias, ante la sorpresa de los empleados. Y que a continuación llamó a su hermana a Buenos Aires para que le enviara su agenda personal, algunos libros, y los viejos zapatos que él usaba a diario, a cambio de los llamativos, ostentosos, duros y rígidos zapatos rojos como usaron sus antecesores. Pasó un año, ha mantenido su humildad y su carisma, ha abierto la Iglesia y la mente de muchos eclesiásticos. Comenzó a poner sobre la mesa muchos temas, que hasta hace poco tiempo atrás eran impensables que la Iglesia los tratara. Hizo a un lado y expulsó a muchos que no hacían bien las cosas, sacerdotes y obispos abusadores, empleados y funcionarios infieles que manejaban las finanzas del Vaticano. Y lo más importante, viviendo el día a día, como él lo pregona, con simpleza, con austeridad, con humildad, pero con mano firme. En este año de papado, ha revitalizado a la Iglesia, ha hecho que la gente vuelva a misa, se puso en contacto directo con la gente y llena la plaza San Pedro como hacía décadas no se veía. Hizo cambiar la actitud de la Iglesia sobre los divorciados, sobre la comunidad gay, dentro y fuera de la institución. Y seguramente, a futuro le esperan temas difíciles y espinosos que no dudará en promover. Tales como la función e inclusión de la mujer en temas preponderantes de la liturgia, y otro más espinoso aún, el celibato optativo para los sacerdotes. Quiera Dios que el cuerpo cardenalicio universal acompañe al Papa Francisco en los próximos tiempos a concretar esta modernización y actualización de la institución, de cara a la gente, a la comunidad mundial, católica o no. Quiero destacar también su preocupación en sostener y acrecentar el espacio interrreligioso. Sus contactos permanentes con representantes de otras religiones, judíos, ortodoxos, protestantes, musulmanes y de otras creencias, a fin de crecer y analizar lo dogmático con la realidad diaria, procurando lo mejor para el prójimo.De ese diálogo entre diferentes religiones surgen estas cuatro frases. que nos haría bien recordar a diario. Hay un solo idioma, el del corazón. Hay una sola religión, la del amor y la solidaridad. Hay una sola raza, la humanidad. Hay un solo Dios, y está en todas partes. Ya en un aspecto netamente terrenal, les confieso que comparto con el Papa Francisco mi simpatía y mi condición de hincha de fútbol de San Lorenzo de Almagro. Como no hay mejor enseñanza que un ejemplo, los invito a rezar por él, por su salud, por su energía. Para que pueda continuar su actividad evangelizadora y de transformación que tanto favorecerá a las futuras generaciones. Él reza por nosotros y por Argentina a diario.

Jorge Bustamante
DNI 7.796.562