Domingo 26 de Julio de 2009
La nota del pasado domingo 19 "Los errores groseros de Macri", llamó poderosamente mi atención. Los 6.059 caracteres de extensión son más que suficientes para que un hábil redactor pueda construir una sólida argumentación. Sin embargo, la crítica estuvo centrada en agresiones del escritor: como ser de que Macri es dueño de "una carencia intelectual llamativa" o en la subestimación de los ciudadanos cuando expresa que "ningún sello de los centenares que critican al oficialismo está en condiciones hoy de ser gobierno".
Siendo Macri el único gobernador victorioso en su propio distrito en las elecciones legislativas pasadas y habiéndose conformado el Acuerdo Cívico y Social en la primera fuerza nacional, tal afirmación implica decirle a la gente que no sabe votar. El artículo incurrió también en un error peligroso. Se acusa a Macri de ser funcional a Kirchner por haber adelantado las elecciones en la Ciudad de Buenos Aires, cuando estas ya se venían celebrando separadas de las nacionales. En cambio, sí fueron adelantadas las elecciones legislativas por orden de la presidente y gracias al voto de la mayoría kirchnerista en el Congreso.
Seguramente Macri cometió errores durante su gestión. Pero también demostró capacidad para reconocerlos y revertir la situación. Así hizo con ciertas medidas que generaron disconformidad en la gente. Las críticas, realizadas con sustento y responsabilidad aportan a la formación de la opinión pública. Son los análisis superficiales, inexactos y sesgados los que contribuyen a la idea de que no podemos tener un país mejor, reproducen la anomia política que hoy impera en los argentinos. En definitiva, son funcionales al status quo porque afirmar que todo es lo mismo es enaltecer al poder de turno.
Francisco Orell, Paola Muñoz y Rodrigo López Molina
(Jóvenes PRO Rosario)