Martes 12 de Febrero de 2013
El Papa Benedicto XVI miró a la multitud congregada en la plaza de un pequeño poblado italiano en julio del 2010. Debajo de él yacían los huesos de Celestino V, el último pontífice que renunció al Trono de San Pedro, para retirarse a las montañas alejado de un atribulado mundo medieval.
Pocas semanas después de esa visita a Sulmona, Benedicto XVI, entonces de 83 años, dijo a un compatriota que no dudaría en convertirse en el primer papa desde Celestino V en 1294 en renunciar por voluntad propia si ya no pudiera cumplir "física, psicológica, y espiritualmente" con las exigencias de liderar a los mil millones de fieles de la Iglesia Católica.
¿El "Gran Rechazo" de Celestino V inspiró a su avejentado sucesor a considerar la alternativa a morir en el cargo?
El día que Benedicto XVI pasó en Sulmona fue parte de la agenda típicamente ocupada del líder de una de las grandes religiones del mundo.
Ese día se reunió con cientos de personas y ofició la misa con ocasión del natalicio número 800 de Pietro Angelerio, un monje que vivió en cuevas de la zonas antes y después de sus cinco agitados meses como el Papa Celestino V, en medio de un conflicto entre facciones de la Iglesia.
Al reunirse con jóvenes en la catedral de Sulmona, Benedicto XVI elogió en aquella ocasión a aquellos con la valentía de la convicción, y recordó al papa cuyo rechazo de la Santa Sede fue visto por algunos como pecaminosa.
"San Celestino V fue capaz de actuar según su conciencia en obediencia a Dios, por lo tanto sin temor y con gran valentía incluso en momentos difíciles (...) sin temor a perder su dignidad, sino sabiendo que eso consiste en existir en la verdad", declaró el pontífice.
Tres semanas después de ese domingo en Sulmona, el Papa se encontraba en su casa de verano en Castelgandolfo, en las colinas cercanas a Roma, y pasó horas conversando con el periodista alemán Peter Seewald entre el 26 y el 31 de julio del 2010.
Tal como está consignado en el libro de conversaciones de Seewald "Luz del Mundo", el periodista preguntó a Joseph Ratzinger si renunciaría ante las críticas por su manejo de las acusaciones de abusos sexuales por parte de sacerdotes.
"Cuando el peligro es grande uno no debe huir. Ahora ciertamente no es el momento de renunciar", respondió Benedicto XVI.
"Uno puede renunciar en un momento pacífico, o cuando uno simplemente no puede seguir. Si un Papa claramente ve que ya no es capaz física, psicológica y espiritualmente de manejar los deberes de su función, entonces tiene el derecho y, bajo algunas circunstancias, también la obligación de renunciar", agregó.
La fundación por parte de Celestino V de una gran orden monástica, y su humildad y piedad en momentos en que la Santa Sede era presa de las ambiciones egoístas de los reyes europeos, le ganaron la santidad, pese a que algunos calificaron su renuncia a los 80 años como una traición a Dios.
Una figura condenada a la antecámara del Infierno en el poema "Inferno" de Dante a veces es identificada como Celestino V.
Sin embargo, muchos hoy se compadecerían de su difícil situación y del sufrimiento en Roma que lo llevaron a renunciar al papado. Al renunciar, Celestino V citó "razones legítimas de humildad y la debilidad de mi cuerpo" para buscar "los consuelos de mi vida pasada y la tranquilidad perdida".
O, como dijo su sucesor 719 años después, también en latín: "Mis fuerzas, debido a una avanzada edad, ya no son aptas para un ejercicio adecuado del Ministerio Petrino. Renuncio al ministerio del Obispo de Roma, sucesor de San Pedro".
"También deseo servir devotamente a la Santa Iglesia de Dios en el futuro a través de una vida dedicada a la oración", agregó.
Celestino V sobrevivió sólo 18 meses tras abandonar el papado y falleció encarcelado por su sucesor, quien le temía como rival. Algunos sospechan de que incluso pudo haber sido asesinado.
Benedicto XVI se retirará a Castelgandolfo y posteriormente vivirá en un convento dentro de los muros del Vaticano.
Otros predecesores. Pero antes, hubo otros pontífices que transitaron el camino de la renuncia, como Marcelino, un Papa de principios de la historia del cristianismo que renunció (o fue depuesto, aún no está claro) en el año 304 después de cumplir con la orden del emperador romano de ofrecer sacrificios a los dioses paganos.
Benedicto IX fue más allá y vendió el papado a su padrino Gregorio VI y renunció en 1045.
El último Papa en renunciar fue Gregorio XII. Lo hizo en 1415 para ayudar a poner fin a un cisma en la Iglesia.