Martes 26 de Febrero de 2013
Los ocho años al frente del Vaticano de Benedicto XVI significaron para América latina, una región con las mayores diferencias entre ricos y pobres que concentra al 46 por ciento de católicos del mundo, la consolidación del conservadurismo impuesto por su antecesor Juan Pablo II como parte de su ofensiva contra la Teología de la Liberación (TL), estimaron analistas.
El papado de Joseph Ratzinger proyecta en su recta final la imagen de un pontífice poco trascendente para la región, que cumplió con menos agresividad el guión que trazó su antecesor, Juan Pablo II (1978-2005), y que cargó con los escándalos de pedofilia del clero en México, Estados Unidos y Europa.
"Ratzinger no quería generar conflictos en la Iglesia en América. Ha sido un Papa de transición, que no hizo grandes cambios y mantuvo las cosas en su sitio", dijo a la AFP el profesor Jeffrey Klaiber, historiador de religiones en la Universidad Católica de Lima.
Según Klaiber, "Benedicto XVI siguió en América latina la pauta de Juan Pablo II, sólo que fue menos agresivo porque en un sentido la Teología de la Liberación ya había pasado como movimiento intelectual".
"Más allá de la Teología de la Liberación es difícil hablar de un legado específico de Benedicto XVI para América latina", dijo por su parte a la AFP el experto estadounidense John L. Allen, vaticanista para el semanario National Catholic Reporter y la cadena CNN.
"Benedicto probablemente consolidó una forma madura de teología de la liberación, que ha estado tomando forma durante mucho tiempo", indicó Allen sobre quien fue el brazo ejecutor como prefecto de la Fe, de la ofensiva conservadora de Juan Pablo II contra los partidarios de esa teología en la década de 1980.
"El impacto mayor ha sido la consolidación de la línea conservadora que Juan Pablo II impuso durante su papado", afirmó a la AFP Luis Pásara, investigador sobre el catolicismo y profesor en la Universidad de Salamanca.
"Ratzinger fue el teórico detrás de ese giro a la derecha, dándole un vuelo intelectual del cual carecía el polaco Karol Wojtyla; como Benedicto XVI, profundizó el camino adoptado", aseguró Pásara.
"Su herencia —agrega— puede medirse en términos de los nombramientos de obispos en América latina. Al colocar como pastores de la grey católica a personajes conservadores o ultraconservadores, Benedicto XVI buscó perpetuar ese rasgo que prevalece en la Iglesia Católica de hoy". Según el vaticanista Allen, Benedicto XVI dejó a su sucesor el abordaje del "desafío al catolicismo en América latina que representan el crecimiento de los movimientos pentecostales y evangélicos, y la indiferencia religiosa básica". "En América latina la gente no sale de la iglesia por su conservadurismo, sino porque los sermones de los padres aburren. Es una mezcla de un clero que no despierta atención, poco carismático, con un discurso desfasado", alerta Klaiber. "Cuidado —dice Klaiber— en poner énfasis sólo en lo doctrinal, como hizo Benedicto XVI, porque, por ejemplo, las iglesias pentecostales atraen mucha gente por la manera de llevar a cabo sus servicios y no por su doctrina". Allen evocó las únicas giras del Pontífice a la región: Brasil 2007, y México-Cuba 2012, para señalar que ambas trazaron un perfil público de los temas que le interesaron y giraron en torno a una recuperación de algunas premisas de la TL. En Brasil, Benedicto XVI se "identificó con las aspiraciones básicas de la Teología de la Liberación, con la crítica de un sistema económico injusto y en colocar a la Iglesia del lado de los pobres pero insistió en la primacía de la fe en oposición al análisis sociológico", evocó Allen.