Domingo 14 de Junio de 2009
Las altas penas de prisión impuestas a dos hombres de Villa Gobernador Gálvez
por el crimen del suboficial de policía Marcelo Montenegro, asesinado de cinco balazos en la puerta
de su casa de esa ciudad, fueron confirmadas por tres jueces de la Cámara Penal sin que se hayan
determinado hasta el momento los motivos del ataque que se cobró la vida del efectivo, a quien no
le robaron nada y acribillaron casi sin mediar palabra.
Para la Sala IV de la Cámara Penal rosarina —el tribunal de
segunda instancia que confirmó las condenas de entre 15 y 22 años de prisión impuestas a los
acusados— establecer el móvil del homicidio “no resulta determinante”, ya que se
considera probado que Iván Eduardo Ríos y Cristian Martín Imperiale fueron los autores del crimen.
Sin embargo, ese oscuro punto del caso no quedó fuera del debate.
Hipótesis. Los jueces Rubén Darío Jukic, Ramón Ríos y Atilio Pangia evaluaron de todos
modos que “no resulta descabellada” la posibilidad de que los atacantes hayan intentado
robarle la moto al efectivo, porque minutos después le sustrajeron el rodado a un cobrador a diez
cuadras de la casa del policía. De todos modos, eso ocurrió cuando escapaban en bicicleta tras
cometer el crimen del agente y no explica por qué le dispararon cinco veces a Montenegro para
finalmente no sacarle nada.
Otra hipótesis —no comprobada, aunque para la Cámara “no
resulta desechable”— es que el disparo tuviera relación con procedimientos policiales
en los que estuvieron implicados Ríos e Imperiale y en los que intervino el policía Montenegro.
Más allá de eso, el motivo del ataque a tiros, a dos años del hecho, se
desconoce. “En todo caso —señalaron los jueces— la duda acerca de la presencia de
algún elemento agravante de mayor magnitud ha favorecido a los imputados”.
Los defensores de Ríos e Imperiale habían apelado ante el tribunal la
condena que en noviembre pasado dictó en el caso el juez de Sentencia número 4, Julio Kesuani. Les
impuso 15 años de cárcel por el delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y el
posterior robo calificado de una moto. Ríos registraba una condena previa de 8 años de prisión de
noviembre de 2002, por lo que deberá cumplir una pena unificada de 22 años y 8 meses de cárcel.
Pese a que el móvil del crimen permanece sin aclararse, para los jueces
está demostrado que los dos acusados fueron los homicidas. Iban vestidos con remeras como las que
describieron los testigos del ataque a Montenegro y arrojaron en el escape un arma que, según la
pericia balística, fue la usada para matar al policía el 21 de marzo de 2007.
De compras. A las 17.45 de aquel día el policía llegaba acompañado de su esposa, María
Alejandra, a su casa de Alvear al 1300, en el barrio Talleres de Villa Gobernador Gálvez, donde
vivían junto a sus cinco hijos. Regresaban en moto de hacer unas compras en un supermercado. La
mujer bajó a guardar las bolsas en la vivienda y el suboficial, vestido de civil, quedó unos
minutos solo en la vereda con su moto Titán en marcha. En ese momento, dos hombres se acercaron al
suboficial y lo acribillaron sin que mediara una discusión.
Montenegro recibió cinco balazos. Tres en el cráneo, uno en el muslo
izquierdo y otro en el glúteo derecho. El más grave le ingresó por un ojo, quedó alojado en la
cabeza y le destrozó la masa encefálica. Sufrió una prolongada agonía. Nueve días después murió en
el hospital Clemente Alvarez.
“Solo dispararon y se fugaron”, dijo una vecina que
presenció el ataque. Los testigos no advirtieron una pelea o un intento de robo por parte de los
agresores, que llegaron y se fueron en la misma bicicleta. Dijeron que uno iba vestido con una
remera roja y otro con una azul y bermudas.
Otro asalto. Minutos después, según el fallo, Ríos e Imperiale fueron sorprendidos por la
policía cuando asaltaban a un cobrador de una empresa de servicios sociales en Corrientes y San
Juan de esa localidad, en una bajada al río Paraná situada a diez cuadras del lugar del crimen. Al
trabajador le pegaron un culatazo en la cabeza para robarle un ciclomotor Garelli y 800 pesos. En
la huida los asaltantes arrojaron la moto, la bicicleta y un revólver calibre 22 con diez vainas
servidas.
Poco después los reubicaron a dos cuadras de allí y tras una nueva
persecución los apresaron en una villa de la zona ribereña. Ríos, vestido con una remera roja, fue
acusado de efectuar los disparos mientras su cómplice lo esperaba en la bicicleta. Ellos lo
negaron. Ríos dijo que estaba pescando e Imperiale que se estaba bañando en su casa cuando los
apresaron.
La pericia de Gendarmería Nacional demostró que del revólver secuestrado
salieron dos de las balas que quedaron en el cuerpo del suboficial (los otros tres proyectiles no
pudieron cotejarse). La ropa y la bicicleta fueron reconocidas por algunas de las personas que
presenciaron el ataque por el que ahora Ríos e Imperiale recibieron sentencia firme. l