Ratifican una condena por un homicidio en La Florida
Cuando la policía detuvo a Leandro Martín Solís halló la pistola calibre 22 largo usada horas antes para matar a Diego Giménez.

Miércoles 09 de Septiembre de 2015

Cuando la policía detuvo a Leandro Martín Solís halló la pistola calibre 22 largo usada horas antes para matar a Diego Giménez. El arma estaba en casa de un familiar del acusado, en Granadero Baigorria, donde se refugió tras el ataque. "Se me escapó el tiro cuando le quise pegar", dijo. Tres años después, la Cámara Penal confirmó su condena a 12 años de prisión tras descartar que los disparos hayan sido accidentales.

El fallo fue firmado por los camaristas Carlos Carbone y Carina Lurati (Guillermo Llaudet se abstuvo). Los jueces examinaron la condena a Solís, de 27 años, como autor de homicidio agravado y tenencia ilegal de arma de uso civil. La condena había sido apelada por sus abogados, que plantearon falta de pruebas y que actuó en legítima defensa.

Macana. El crimen ocurrió el 29 de agosto de 2012, a las 2.30, en Pedro Goyena al 900 (Rondeau al 4100). Diego "Mono" Giménez, de 34 años, estaba con amigos. Vivía en Zelaya y Uriarte y según los vecinos había sido barra brava de Rosario Central, pero no iba más a la cancha.

A la madrugada, según se reconstruyó, Mono discutió en la calle con una ex pareja a quien golpeó ante testigos. "Un hombre discutía con una chica y otro se metió y le disparó tres veces. Una bala le dio en la cabeza. El herido no vive acá pero tiene amigos en esta cuadra", contó entonces una vecina a este diario.

Cuando llegó personal de la comisaría 10ª halló el cuerpo de Giménez tendido en la vereda con un disparo en la pierna derecha y otro en el cráneo. En estado gravísimo, fue trasladado en ambulancia al hospital Eva Perón de Baigorria, donde quedó internado con un severo daño neurológico. Murió seis días después.

A raíz de testimonios, el entonces juez de Instrucción Luis María Caterina ordenó allanar una casa de la cuadra desde la cual había salido el agresor armado. En la requisa se halló una escopeta "perdicera" calibre 16 y una caja de balas calibre 22.

En ese momento Solís no estaba pero sí su hermano, que era amigo de la víctima. Luego los policías ubicaron al acusado en casa de un familiar en Sáenz al 100 de Baigorria. Bajo una almohada había una pistola automática calibre 22 largo. "Sé que me mandé una macana. Se me escapó el tiro cuando quise golpearle la cabeza", manifestó.

Escándalo. La defensa de Solís sostuvo que la "única testigo" fue la mujer con quien la víctima tenía relación sentimental. Y recordó que en medio de una discusión que "produjo un gran escándalo en la cuadra la testigo, según relató, fue tomada de los pelos y golpeada por Giménez". La mujer declaró que en ese momento apareció un joven armado que se trabó en lucha con su ex y le disparó. El fiscal de Cámaras Guillermo Camporini replicó que con la pistola incautada se dispararon las vainas servidas halladas en el lugar y la bala que quedó alojada en la pierna de la víctima.

Por su parte, los jueces descartaron la legítima defensa porque los disparos se efectuaron "sin mediar razón alguna" y cuando Giménez estaba desarmado.

En este sentido, recordaron que aquella madrugada Solís salió de su casa de Goyena al 900 para interceder en la agresión de Giménez a su ex pareja, discutió con él y efectuó varios disparos. Uno impactó en la pierna del hombre, quien siguió forcejeando y fue agarrado desde atrás por el agresor. El relato de la mujer fue tomado como un "grave indicio en su contra", ya que la testigo estaba al lado y afirmó que los disparos no se le escaparon.