Edición Impresa

Raptan a su esposo y la retienen una hora para desvalijar su casa

Un pintor de 62 años entraba a una cochera cuando fue asaltado. Se lo llevaron en un auto, le pegaron y lo dejaron en un descampado. La víctima fue amordazada por ladrones que entraron con la llave que le habían quitado a su marido. Se llevaron dinero.  

Martes 01 de Julio de 2014

"Quédese quieta. Esto es un allanamiento por lavado de dinero", escuchó atónita Ana María Brites de boca de un hombre que ayer a la mañana irrumpió en su casa del barrio Bella Vista acompañado por una mujer. Ambos dijeron que eran policías, pero enseguida la farsa quedó al descubierto cuando comenzaron a exigirle dinero a la dueña de casa. La angustia de la víctima, de 55 años, fue aún mayor cuando en medio del atraco se enteró de que su esposo, de 61, estaba a merced de dos cómplices de los malhechores que habían ingresado a su vivienda.

La odisea de Ana María se extendió una hora, pero la de su marido Luis Ventri se prolongó un rato más. Los hombres que lo retuvieron en un auto lo liberaron en un descampado de la zona oeste. Pudo zafar de las ataduras y un automovilista lo llevó a una estación de servicio, desde donde unos gendarmes lo llevaron a su casa de La Paz al 3200.

Emboscada. A las 8.10 de ayer Ventri fue hasta el garaje ubicado en Riobamba al 3200 a buscar su camioneta para ir a trabajar. Pero apenas pudo subirse a su Ford Ecosport; enseguida fue emboscado por dos hombres armados que lo obligaron a subirse a un Peugeot blanco. A esa hora, Ana María esperaba al albañil que está remodelando su casa. Pero cuando un zócalo de un programa de televisión anunciaba dos grados bajo cero sintió el caño de un revólver en la cabeza.

Quien portaba el arma era un hombre con el pelo rapado y vestido con un pantalón y campera de color negro, con una guarda roja. Este último detalle hizo presumir a la dueña de casa que no era policía. Detrás del intruso apareció una mujer rubia de pelo largo con uniforme negro, similar al que usa la policía. "Póngase boca abajo. Esto es un allanamiento por lavado de dinero. Ahora mi jefe trae la orden", dijo la recién llegada. "Me dio el nombre de un oficial pero no lo recuerdo", comentó Ana María a LaCapital.

"¡Qué allanamiento por lavado de dinero! Si somos dos viejos y mi marido trabaja de pintor", exclamó la mujer. Entonces los intrusos demostraron sus intenciones: "Queremos la plata", ordenaron. De nada valió que la víctima les dijera que no era una familia acaudalada.

Los hampones comenzaron una búsqueda desenfrenada por todos los rincones de la casa. "Destrozaron todo. Tajearon los sillones y dieron vuelta todos los cajones buscando la plata. En un momento me preguntaron cómo mi marido había comprado la Ecosport. Yo no sabía cómo habían entrado. Pensé que lo habían agarrado en la puerta de la casa y le habían quitado la llave", comentó.

En rigor, los maleantes se apoderaron de la llave y se encaminaron hacia la casa de La Paz al 3200 sin que Ventri les dijera dónde vivía.

Picana. Mientras esto ocurría, Ana María no conocía la suerte que había corrido su esposo. "Lo ataron con alambre, le pusieron una picana, le dieron culatazos en la cabeza, le rompieron la boca y lo patearon mientras le decían que sabían donde vivía y quién era", dijo la mujer.

En medio del vendaval de golpes Ventri debió recorrer con los dos captores en el Peugeot un trayecto que no pudo precisar hasta que fue liberado. "El auto estaba lleno de armas con silenciadores", comentó. En tanto, Ana María soportó el asedio de los maleantes durante una hora que le pareció eterna. En ese lapso la mujer se contactó a través de un handy de los ladrones con su esposo. "El viejo dice que vos sabés dónde está la plata", escuchó Ana María que dijo uno de los captores del marido. Ella, amordazada y debajo de la cama, apenas pudo balbucear: "Papito, si vos tenés plata decime dónde está".

Los ladrones recogieron los seis mil pesos que la pareja tenía ahorrados para refaccionar la casa, tres mil pesos que pertenecían a una de las hijas, una computadora, dos relojes y dos anillos. "Mientras agarraban las cosas, decían «qué hacemos con la vieja, la matamos o no»".

Casi al mismo tiempo, en la zona oeste dejaban a Luis maniatado en un descampado. Como pudo se incorporó y zafó de las ataduras. "Le hizo señas a un automovilista que lo llevó a una estación de servicio. Un rato después una patrulla de Gendarmería lo trajo a casa", recordó.

Pasado el mediodía de ayer, un médico de una empresa de emergencias acudió a la vivienda de los Ventri. "Lo tengo que llevar para que le suturen dos cortes que tiene en la cabeza. Llamé al médico porque es hipertenso y tiene insuficiencia cardíaca", explicó.

"No ladró"

Ana María Brites indicó que hubo un detalle que la sorprendió. “Tengo una perrita caniche que es mala y sin embargó no ladró. Solamente gruñía. Por eso pienso que (los ladrones) le dieron algo. Como estaba muy asustada les dije dónde estaba la correa para que la ataran”, comentó la mujer asaltada ayer en su casa de La Paz al 3200.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS