Lunes 02 de Junio de 2014
La moda gira y los colores y las formas se repiten en el tiempo. A comienzo del siglo XX, fue abandonado el uso del legendario corsé que había brindado a las mujeres durante siglos, el aspecto de una cintura afinada, un busto erguido y un notable escondite de rollos desagradables. La mujer gordita, obesa o poco agraciada, portaba una figura irreal gracias al torturante modelador interior. ¿Adónde iban todas sus imperfecciones y los rollos sobrantes? Adonde podían. Como podían. Al ajustarlos de un lado saltaban para el otro produciendo una molesta falta de libertad en los movimientos porque la ecuación no daba. Demasiados rollos, poco corsé. Recorriendo nuestras calles, observando la desmesurada cantidad de autos para tan poca ciudad, no pude menos que recordar los relatos de las abuelas y compararlos con nuestra ajustada metrópoli a la que se le intenta poner un corsé de cortesía demasiado corto, playas de estacionamiento que cobran fortunas y no alcanzan, límites para parar en las puertas de los colegios, taxis que deben subir pasajeros en líneas amarillas, autos particulares que no deben parar sobre esas líneas, prohibición de estacionar en doble fila, carga y descarga horaria, multas abultadas en caso de infracciones, agentes de tránsito intentando ajustar los corsés que no pueden con tantos rollos. La opresiva y antigua moda terminó su ciclo cuando la inteligencia del hombre encontró los recursos necesarios para concluir con la privación de la libertad de movimiento. Seguramente fue costoso, como todos los cambios importantes. Costoso, cuestionado, atrevido, audaz. Pero se pudo. Quizás haya llegado la hora de quitarle el corsé a nuestra ciudad y a todas las que aún no se enteraron del avance de la moda.
Edith Michelotti