Domingo 12 de Abril de 2009
Diego Lemos solía decirle a su esposa que era “policía las 24 horas del día” y que amaba la profesión que había heredado de su abuelo, de su padre y de un tío. Y esa enunciación la puso en práctica el viernes a la tarde cuando una vecina se acercó hasta su casa de barrio Tablada para avisarle que dos personas intentaban ingresar a robar en lo Daniela, una mujer que vive a la vuelta de su casa, a menos de 50 metros. Lemos, casado y padre de dos nenes de 1 y 2 años, no dudó. Empuñó su arma reglamentaria y salió corriendo hacia el lugar, Beruti al 3700. Allí enfrentó a uno de los asaltantes y, en medio de un intenso forcejeo, recibió un disparo que le atravesó la parte baja del abdomen, una lesión grave de la que pudo zafar gracias a una gran porción de suerte.
Los delincuentes escaparon llevándose el arma del agente, y se internaron por un pasillo del asentamiento ubicado en Biedma y Grandoli. El policía, que trabaja en el Cuerpo Guardia de Infantería (CGI), ayer permanecía internado en el Centro de Emergencias de Rosario (CER), de Alvear al 800, en la sala de terapia intensiva.
La noche del mismo viernes, cinco horas después de sufrir la herida, Lemos fue
sometido a una cirugía en la que lisa y llanamente se le intentó reconstruir el intestino delgado
dañado por el proyectil que, en sentido literal, cruzó su cuerpo. La intervención fue exitosa, pero
aún hay que esperar 48 horas para descartar complicaciones. Por lo pronto, el paciente ya orinaba
por sus propios medios y ayer a la tarde le habían retirado el respirador artificial.
Un día normal. El viernes de Semana Santa no fue feriado para Lemos. Hasta las 14 hizo un
servicio adicional en una farmacia del barrio y a las 19.30 tenía que presentarse en su puesto de
vigilancia, ubicado en la zona de Ayolas y el acceso Sur, donde funciona un destacamento del
CGI.
Durante las horas libres que le quedaron en el medio se dedicó a su familia. Su esposa, María Laura Moyano, y sus nenes Tomás, de 2 años, y Ramiro, de 1. Cuando eran casi las cinco y media de la tarde, la mujer se puso a planchar ropa y Diego, a cebar unos mates .
En eso estaban cuando una vecina llegó y comenzó a golpear insistentemente la puerta de la casa, ubicada en 24 de Septiembre al 200 bis, a metros de avenida Grandoli. Moyano, la tarde de ayer, rememoró ante La Capital el dramático momento que vivieron. “Cuando me asomé a la puerta la vecina me dijo que unos cacos estaban palanqueando la puerta de Daniela, una mujer que tiene un negocio por calle Grandoli. No terminé de volver a la cocina que Diego ya había agarrado su arma reglamentaria. Me dijo: «Quedate acá con los nenes y llamá al Comando» y salió corriendo”, dijo la mujer.
La casa en cuestión queda en Beruti 3723. Es decir que está ubicada en la misma
manzana y a menos de 50 metros de la vivienda de Lemos. El policía, que en ese momento estaba
vestido de civil, corrió hacia allí. Según fuentes policiales sorprendió a los ladrones en pleno
trabajo y los enfrentó.
Enfrentamiento. Al parecer, uno de los ladrones escapó, pero el otro estaba armado y lo
atacó. Hubo un forcejeo y de inmediato disparos. “Apenas agarré el celular para llamar a la
policía escuché el primer tiro”, consignó la esposa del policía. “Enseguida sonaron dos
tiros más. Ahí me asusté y pensé lo peor. Entonces salí y fui hasta la esquina. Cuando lo ví tirado
en el piso boca abajo, que no se movía, pensé que lo habían matado”, añadió la muchacha.
Los delincuentes huyeron del lugar, pero antes alcanzaron a quitarle el arma a Lemos. Los vecinos los vieron pasar a toda velocidad hacia calle Biedma, luego doblar hacia Grandoli para internarse en un pasillo de la villa. Ayer eran intensamente buscados por la policía.
María Laura contó: “El lugar enseguida se llenó de gente. Apareció un patrullero del Comando y junto con mi papá, que vive acá nomás, lo llevaron primero al Hospital Clemente Alvarez y después lo derivaron al CER”.
Lemos tiene 30 años de edad y hace 12 que es policía. Es oriundo de la ciudad de
San Cristóbal, en el norte provincial, donde vive toda su familia. Antes de ingresar a la Guardia
de Infantería se desempeñó en el grupo antimotines de la alcaidía de la Unidad Regional II.