Viernes 17 de Mayo de 2013
Dejando de lado el partidismo político, el proceso en el que estamos inmersos desde hace algunos años llega a mostrar la desidia con la que se gobierna en este país. El ego del poder por el poder mismo tiene como libro de cabecera la impronta K del 2003 al 2007, donde los argentinos pudimos gozar de cierto nivel de crecimiento, de la suba permanente de nuestro PBI, del crecimiento de la industria y de la aparición de nuevos emprendedores con la creación de nuevas pymes. Demás está decir que “aquella planta que no regamos difícilmente crezca” y terminábamos la década ensimismados en luchas internas de poder descuidando nuestra tan liviana economía, poco sostenida por una planificación a mediano y largo plazos. Y este año 2013, año electoral, donde todos salen a mostrar muchas de esas cosas buenas que supimos concebir, pero que poco supieron durar, ya que el gobierno está minado de gente corrupta e inoperante, donde no tenemos idea de cómo llevar adelante negociaciones internacionales para la mejora de nuestra economía. Frustrante debe ser la idea de los jóvenes que este año votarán por primera vez, sabiendo que quienes asumen tienen la libertad del manejo corrupto del poder político. No existen la ética, el orgullo, ni siquiera la mirada respetuosa hacia los ciudadanos que fueron quienes los llevaron al poder. Las sospechas de corrupción sobre el núcleo que rodea a la presidencia de este país llega a los niveles más altos de la historia, ya que tenemos vicepresidente sospechado, ministros sospechados y el entorno presidencial minado de sospechas, pero de todo esto, ¿a nosotros qué nos queda? El significado de la espera en una sociedad es sólo incertidumbre, es lo peor que nos puede pasar. Pero sólo depende de nosotros como ciudadanos, dejarnos de hipocresías y saber definir quiénes son quienes nos gobiernan y qué pretendemos como país para nosotros y para nuestros hijos, ya que el futuro no está tan lejos.
Guillermo V. Ferreyra