Viernes 06 de Abril de 2012
Querida escuela, ¡qué famosa fuiste la semana pasada!, ¡tristemente famosa! Tal vez muchos no te habían escuchado nombrar y ahora estás en boca de todos. Pero la gente realmente no te conoce. A "la Padilla" como así la conocen, concurren adolescentes, como todos los chicos de hoy, con arrebatos, y sueños, con ideales nobles y ganas de aprender, de superarse, de salir adelante, de sortear obstáculos, de ser "alguien" en la vida, a pesar de las carencias económicas y de las otras. Son chicos pacíficos, respetuosos, agradecidos. No sé lo que pasó el fatídico martes, solo sé que no se podía prever (no se hace "cacheo" a los alumnos al ingreso ni tenemos detector de metales). Hace más de veinte años que soy docente allí. Nunca ocurrió nada. Todos y cada una de las personas que hacemos diariamente comunidad en la querida escuela, ponemos nuestra impronta, nuestra profesionalidad y nuestras ganas para ayudar a que estos chicos, nuestros alumnos, crezcan como personas de bien, íntegros, y que puedan ser constructores de su propia historia. Yo he visto a la profesora de matemática comprándoles el cuadernillo porque no tenían el dinero para hacerlo, a las profesoras escuchándoles contar sus pesares, a los tutores visitando hogares en problemas, a los preceptores aconsejándolos, a la directora limpiando bancos y pintando las paredes los fines de semana. Yo he visto a la escuela participar de concursos y proyectos, y ganarlos. No sé lo que pasó el martes, solo se que las escuelas son la caja de resonancia de lo que ocurre en la sociedad. Y sigo sosteniendo que sólo la educación nos va a permitir superarnos y evitar que nos gane la violencia y la inseguridad. Y sigo creyendo que es "la Padilla" un buen lugar para seguir formando personas de bien.
Graciela Roccia de Gorr,
DNI. 16.942.906