Un policía que estaba en libertad acusado de un presunto caso de gatillo fácil fue detenido esta semana a pedido del fiscal que interviene en la causa. La medida se dispuso tras la recusación de una jueza que en diciembre lo había excarcelado en tiempo récord y sin que lo pidiera la defensa del efectivo. Se trata del suboficial mayor Raúl Eduardo A., imputado del homicidio calificado de un joven de 20 años que en 2013 cayó muerto con un tiro en la nuca al arroyo Ludueña. El encargado de la acusación pidió que el uniformado sea procesado teniendo en cuenta el tiempo transcurrido y el avance de la investigación.
La detención del suboficial fue ordenada por la jueza Irma Patricia Bilotta, quien hizo lugar a un pedido del fiscal Luis Schiappa Pietra luego de que el expediente recayera en un juzgado de Instrucción a su cargo. El viernes una comitiva fue a buscar al acusado a su casa, pero no lo encontraron. El lunes el policía se presentó en Tribunales acompañado por su abogado y quedó preso. El expediente está avanzado y cerca de la instancia de resolución. El fiscal solicitó el procesamiento de A., quien ya había sido indagado por homicidio calificado por ser cometido en el ejercicio de su función. La figura prevé prisión perpetua.
Escape fatal. La víctima del homicidio fue Marcelo Gustavo Lares, de 20 años. El jueves 6 de junio de 2013 cinco policías fueron a allanar un domicilio de Olavarría 1224 bis. No lo buscaban a él sino a su hermano, por orden del juzgado de Instrucción Nº 11. Entonces advirtieron que un joven escapaba por una ventana. Según se estableció en la pesquisa judicial, tres policías corrieron a Lares aunque luego sólo lo siguieron dos: el cabo Claudio R., a pie; y el suboficial mayor Raúl A. en la patrulla del destacamento 23. Este bajó del auto y también echó a correr por la costa del arroyo Ludueña a la altura de calle Olivé, donde efectuó un disparo que le dio en la nuca a Lares, lo hizo caer al agua y le provocó la muerte.
Una hora después lo sacaron del agua los bomberos, que consignaron haber hallado en el arroyo un revólver Bersa calibre 22 largo que, según la pericia, no era apto para disparar. Dos vecinos que lo vieron huir al muchacho contaron que no llevaba arma. El suboficial A., en su tercera declaración, admitió que disparó contra Lares porque el muchacho lo había apuntado con un arma. El cabo R., por su parte, declaró que hizo un solo disparo “al suelo” y que vio cómo su compañero disparaba contra Lares. Al menos dos testigos vieron a los policías tirar sin un ataque previo y escucharon tres disparos.
Idas y vueltas. La causa recayó primero en el juzgado de Instrucción a cargo de Mónica Lamperti, quien dejó a los policías en prisión preventiva. Sin embargo el martes 30 de diciembre pasado, el último día hábil antes de la feria judicial, recuperaron la libertad beneficiados por una pericia de Gendarmería Nacional que habría arrojado que el plomo extraído del cuerpo del muchacho no se correspondía con las armas de los policías. La jueza Delia Paleari, en ese momento a cargo del caso, dejó a los policías en libertad a las 12.45 sin consultar a la fiscalía ni recibir un pedido de la defensa.
Por ese motivo el fiscal recusó a la jueza Paleari y la Cámara aceptó el planteo. Así, la causa recayó en Instrucción 14 y con la intervención de la jueza Irma Bilotta, el fiscal reiteró el pedido de detención de A. (a su criterio más comprometido con la secuencia homicida) y la magistrada accedió al pedido que se concretó el lunes, con la presentación del policía en Tribunales.





























