Miércoles 25 de Marzo de 2015
Los aviones no se precipitan del cielo porque sí. La nave que cayó en Francia estaba en la parte más segura del vuelo, pero algo salió horriblemente mal. La primera pista de lo que pudo haber ocurrido se extraerá a partir de los restos del aparato. Si los escombros se encuentran poco esparcidos, el avión probablemente chocó contra las montañas intacto. Si están esparcidos, posiblemente se desbarató en el aire.
El vuelo de Germanwings se realizó en un Airbus A320, una aeronave de amplio uso en la aviación moderna, similar al Boeing 737. Hay más de 3.600 de ellas en operación.
Tiene un buen historial de seguridad, con sólo 0,14 accidentes fatales por cada millón de despegues. El avión que quedó destruido ayer fue entregado a Lufthansa en 1991 y tenía aproximadamente 58.300 horas de vuelo con más de 46.700 recorridos.
Es demasiado pronto para saber qué ocurrió, pero existen algunas posibilidades.
Este avión tenía un promedio de más de 5,3 vuelos por día en los 24 años de su existencia. Eso no es inusual para una aeronave que realiza viajes cortos en Europa, pero está en el límite alto de lo que es normal.
Cada ciclo de despegue y aterrizaje y la presurización y despresurización asociada a éstos incrementa la tensión en la estructura del avión. Las aeronaves que realizan vuelos cortos en rutas frecuentes registran más de estos ciclos que las que efectúan vuelos largos.
El vuelo 9525 supuestamente descendió a un ritmo de 914 metros por minuto desde su altitud de crucero de 11.500 metros, el doble de la velocidad normal de descenso.
Si ocurrió algún tipo de descompresión rápida —por fatiga del metal o por una bomba— la primera maniobra de los pilotos sería hacer descender el avión por debajo de 3.000 metros, donde el aire es respirable.
Los pilotos pudieron de alguna manera accidental colocar el avión en picada y no lograr recuperarse. O pudieron estar tan concentrados en hacer descender el avión por debajo de los 3.000 metros que no se percataron de lo cerca que estaban de las montañas.