Qué pena me da
Una hermosa obra del folclore argentino, "Zamba para olvidar", una de las estrofas expresa: "Que pena me da saber que de tu amor ya no queda nada".

Miércoles 16 de Julio de 2014

Una hermosa obra del folclore argentino, "Zamba para olvidar", una de las estrofas expresa: "Que pena me da saber que de tu amor ya no queda nada". Obviamente, no voy a referirme a ese bello poema, en todo caso, una comparación sobre la indignación que como argentino siento. Una constante de desaciertos adorna, por decirlo de algún modo, nuestro andar como país. Parece mentira que tengamos que depender de un resultado de fútbol favorable para destacarnos en el concierto mundial. En algún momento hubo un país europeo que al no tener héroes, inventó a unos incomprobables como Robin Hood o Guillermo Tell. Nosotros tenemos los nuestros, claro que no voy a mencionar a tantos que jalonaron nuestra historia. Historia ya conocida, pero lamentablemente no difundida. Sólo se habla de cosas recientemente pasadas, programas de TV más amarillos que parte de esa franja de la guía de Telecom. Terminó el evento mundial y más allá de los resultados y aún siendo favorables a la celeste y blanca, volvió a presentarse la realidad descarnada y cruel que azota a nuestro querido país. Un rosario de vergonzosas actitudes nos envuelve sin piedad. No hay voluntad de cambio, la soberbia es el arquetipo de gobernantes inescrupulosos, desamorados a ultranza. Nos hemos constituidos en la vergüenza mundial. Corrupción por doquier, trabas a mansalva para que la Justicia actúe en consecuencia, jueces solidarios al poder de turno, ningún fiscal de la patria se atreve a desenmascarar a los responsables demonizados. "Qué pena me da", en estos días, un grupo de obreros de un establecimiento fabril de Buenos Aires salió a reclamar por sus salarios impagos. La variable de ajuste de los reclamos que tiene por mentor a un tristemente célebre personaje, ignorante, verborrágico, seudodefensor de la justicia social, no encontró mejor alternativa que cortar una vía de alto tránsito. Todas las instancias pertinentes y legales quedaron agotadas. Sin pretender pecar de hipócrita, para muchos no es la mejor salida. Así lo entendió el poder, disponiendo un batallón antichoque, para disuadir con chorros de agua y gases lacrimógenos a los que se titula de indeseables y patoteros. Valor agregado: mastines entrenados para destruir a quienes se le ponga adelante. David y Goliat, pero acá triunfó este último. La gente quiere percibir sus salarios ganados legalmente. En suma, quieren trabajar. Vergüenza ajena tenemos que sentir habida cuenta que ningún dirigente político o gremial se pusiera a la cabeza de los perjudicados. Sonó fuerte alguna vez aquella sentencia: con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes. Los únicos que acompañaron los reclamos, paradoja, fueron organizaciones de izquierda, con razón o sin ella, pero estuvieron. Los que tenían que estar no estaban, salvo que haya estado alguno que todavía no se sacó la careta. Una más que expresión de deseos: aprended miopes mentales: el fin no justifica los medios.

Oscar H. Rodríguez / DNI 6.004.403