Miércoles 13 de Agosto de 2014
Si hay un territorio en el mundo ensañado por la desgracia es éste. Y eso que no tenemos guerras, ébola, fundamentalistas, terremotos o tsunamis. Pero ojo, tenemos una especie que es más poderosa y depredadora que mil huracanes juntos. Que pasa y arrasa con todo: no queda verdad, moral, honradez en pie, ni qué hablar de dinero. Se lleva todo. Deja sólo mentiras, desolación, hambre y una total desesperanza. Y lo peor es que no aprendemos. Salimos de la violencia de Isabelita, después de los asesinos militares, de la híper de Alfonsín, del 25 % de desocupados de Menen y del helicóptero de De la Rúa. ¿Y ahora otra vez? Inflación y mentiras. Desocupación y más mentiras. Recesión, pobreza, hambre y mucho más mentiras. No quiero un minuto más una asociación ilícita disfrazada de gobierno nacional como el que ahora está. Esta es una sola vida y no merecemos que cada 10 años se derrumbe todo y vuelta a empezar. Y en el medio queda el tendal de personas (ni ciudadanos, ni argentinos) sólo personas de este mundo que les tocó nacer en esta bendita tierra maldecida por la clase política. Me pregunto cuál es la ganancia de ser “argentino” y mostrarlo como épica patriota. La respuesta es ninguna. YPF, Aerolíneas Argentinas, buitres, todo falso patriotismo. Mientras la gente común ve otra vez cómo se le esfuma el futuro de las manos. Futuro que, por supuesto, tienen aseguradas las familias de los gobernantes, hasta los tataranietos, en algún banco suizo por supuesto.
Jorge Milesi