"Que el culpable vaya preso como iba él cuando hacía una macana"
La familia de Elías Bravo, asesinado de 30 balazos, pide que el brutal crimen no quede impune El chico tenía 17 años, antecedentes penales y desde hacía un tiempo estaba intentando rescatarse

Lunes 31 de Octubre de 2011

Tenía 17 años, antecedentes penales y llevaba unos meses intentando rescatarse. Carismático, de carácter explosivo y pocas pulgas, lo recuerdan tan violento cuando se enojaba como simpático y respetuoso con los vecinos -especialmente los mayores- y protector con los más chicos. Quienes lo conocieron afirman que Elías Gabriel Bravo podría haber sido arquero de fútbol de no haber sido petiso para el puesto. O un campeón mundial de motocross. Sin embargo, su intensa vida se truncó antes de tiempo el 15 de octubre, cuando lo asesinaron de 30 balazos en la puerta de un quiosco de venta de drogas de la zona norte. Crímenes como el suyo se inscriben en esos que suelen rotularse como ajuste de cuentas sin buscar demasiadas explicaciones y sin atender siquiera que la víctima era un adolescente al que las leyes deben proteger. Pero su familia pide que se investigue lo ocurrido y que el culpable vaya preso. "Como iba él cuando se mandaba una macana y lo arrestaban", dicen sus padres.

Varias cosas llamaron la atención en torno al homicidio de Elías. Una fue la inusitada violencia de la ejecución que sorprendió al chico, con cierto gusto a traición si se atiende a que varias de las balas ingresaron por la espalda. Otra ocurrió tres horas después, cuando los vecinos quemaron y destrozaron el quiosco de drogas frente al que lo mataron, en un pasillo de French y Felipe Moré.

La tercera se fue deshilvanando los días posteriores, cuando las pintadas -en forma de grafitis o tatuajes- con su nombre y unas alitas de ángel se generalizaron en el sector de Empalme Graneros donde vivía. Y mientras se escucha a su padrastro Sergio, con esa mezcla de orgullo y dolor que sólo se combina ante la muerte, recordar el cortejo de "seis cuadras de autos y motos" que acompañó su funeral en el cementerio La Piedad, surge una pregunta obvia: ¿quién pudo matar de esa manera a un pibe? La respuesta que puede hallarse apelando a la racionalidad enfermiza de esta sociedad no es suficiente.

Como un padre. Analía, la mamá de Elías, tiene 37 años y cuatro hijos: un nene de 10, una nena de 15 y otra de 3, que "sigue preguntando por su hermano", dice con tristeza. "Era la consentida de Elías", resume, y cuenta que el pibe era como un padre para los más chicos.

Alternando los tiempos verbales entre un pasado difícil y un presente inconcebible, cuenta la historia de un chico muy especial y no sólo porque fue/es su primer hijo.

"Si preguntás en los negocios de la cuadra, todos estaban seguros con él y sus amigos sentados en la puerta de algún local", cuenta sobre su predicamento en el barrio, donde "no permitía que les cobraran peaje a los vecinos".

"Tenía un carisma bárbaro, no parecía de la edad que tenía", lo recuerda Sergio como a un par, mientras elogia que "no le faltaba el respeto a la gente grande", a la que le daba charla como un adulto más.

La extrema habilidad del pibe para andar en su moto Honda Falcon 400 también quedó grabada entre quienes lo conocieron. "Siempre temí que se matara en la moto. Y mirá cómo vino a terminar", acota Analía, con un esfuerzo colosal para no dejar salir ni una lágrima.

Cumpliendo. Elías tenía antecedentes por tenencia de armas, lesiones y robos. Y si bien sus padres aclaran que "muchas veces se lo acusaba de cosas que no tenía nada que ver", por otra parte aclaran que "no era un santo, hizo sus cosas; también sufrió por eso y cumplió con lo que tenía que cumplir". Pero más allá de eso, lo que destacan -no sólo ellos sino también fuentes vinculadas con los programas gubernamentales de reinserción- es que "venía haciendo las cosas bien".

Después de salir del Instituto de Recuperación del Adolescente (Irar), desde el mes de julio el pibe venía cumpliendo con lo que debía: ir a la escuela, asistir a un taller de capacitación y no cometer delitos. "No es cierto que tuviera un pedido de captura (cuando lo mataron)", aclara la madre y agrega: "El estaba tranquilo, trabajaba con el suegro en una compraventa y a la tarde iba al taller. No tenía problemas".

Según sus padres, nunca tuvo problemas de adicción ni había sido baleado o agredido violentamente. "No le gustaba que le vendieran drogas a los más chiquitos", responde la mamá al preguntársele si tenía problemas con algún narco.

Traición. Lo que sí saben Analía y Sergio es que Elías jamás se hubiera expuesto ingenuamente a una situación como la que desencadenó su muerte. Ahí es donde los datos sobre lo ocurrido cobran fuerza junto con la idea de que el chico fue al pasillo donde lo acribillaron con gente que conocía y con la cual, evidentemente, no tenía mayores problemas.

"Esa noche estaba con su novia y unos amigos -recuerdan- en un taller mecánico donde suelen juntarse. Entonces llega un conocido en un auto y Elías se aparta unos metros. No sabemos de qué hablaron. Sólo que en un momento le dice a la novia «gorda, ahora vengo», que la chica le contestó si no quería que lo acompañara y él le dijo que no, que no pasaba nada. Y se fue solo en la moto".

Ese conocido del pibe, a quien el vecindario vincula con la venta de drogas, fue uno de los pocos -sino el único- de los allegados a Elías que no concurrió a su velatorio. Y si bien su apodo circula con fuerza en la zona, esos testimonios no salen de ahí. "¿Quién va a salir como testigo después de haber visto semejante crimen? Hay gente que vio lo que pasó, pero tiene miedo. Y es lógico", se lamentan los padres de la víctima.

"Estaría bueno saber qué pasó. Queremos que se haga justicia. Y que así como él terminaba preso cuando se mandaba una macana, que reciba la condena que merece el o los tipos que hicieron esto, que no sólo fue un asesinato; fue un acto muy cobarde", reclama Sergio, más allá de estar convencido de que nada será suficiente para paliar su dolor. A su lado, Analía sigue intentando retener las lágrimas, tal vez en homenaje a ese petiso orgulloso al que la vida hizo crecer de golpe y, también de golpe, lo dejó sin tiempo para seguir creciendo.

Andrés Abramowski

La Capital

Elías era muy querido en el sector del barrio Empalme Graneros, donde vivía con su familia.