Domingo 05 de Enero de 2014
Durante los primeros días del mes de diciembre, recibí la grata noticia de que la Facultad de Medicina y la Asociación Médica de Rosario entregarían al doctor Hugo Fontanarrosa, padre, un diploma de honor por sus 50 años de actividad ininterrumpida como médico. Debo reconocer que la noticia me produjo, como paciente, una enorme satisfacción. En el año 2006 y por esas cosas inesperadas que tiene la vida, debí recurrir de manera urgente en la búsqueda de un mastólogo (palabra hasta entonces desconocida por mí). Y fue ahí cuando, mediante un llamado telefónico al Hospital Italiano Garibaldi de Rosario, me recomendaron al doctor. Agradezco a Dios el haberlo puesto en mi camino, porque ante la gravedad de mi enfermedad se necesitan profesionales como él para poder hacer frente a estas circunstancias. Y no me voy a quedar sólo con su profesionalismo. Quiero destacar el gran ser humano que hay en él. Quienes fueron o son pacientes suyos saben de qué estoy hablando. Ese ser que con un "querida, cómo estás", o con una caricia suave en la mejilla lograba disipar algo del dolor, al tiempo que transmitía paz, ternura y tranquilidad. La vida me ha demostrado que hay muchos médicos que como él entregan todo de sí en pos de salvar la vida de un paciente. Y el Hospital Italiano, por ejemplo, tiene un gran número de ellos. Ojalá alguna vez también me sorprenda gratamente un reconocimiento al doctor Walter Bordino, a Hugo Fontanarrosa (hijo) o a mi oncólogo (¡vaya especialidad!) Carlos Alasino. Pero hoy, celebro y aplaudo este honor que le fue otorgado a mi querido doctor Fontanarrosa. Y en nombre mío, de mi familia y de todos los que me quieren bien le digo ¡gracias! Gracias por mí y por todos los que, como yo, hemos tenido la bendición de conocerlo. Su labor como médico ya ha marcado rumbos, pero su calidad de ser humano ha dejado huellas muy profundas en nuestros corazones. ¡Felicitaciones doctor! ¡Y qué bueno que estas cosas sucedan!
Estela Capitani.