Martes 11 de Agosto de 2015
El día 26 de abril, mi hijo compró en cuotas su primer televisor. Lo hizo en un reconocido supermercado de capitales franceses, con la alegría y el orgullo propios de cualquier joven que con su sueldo comienza a darse pequeños gustos y a "vestir" su casa. Un mes duró la alegría. El 2 de junio, el mencionado artefacto, de una marca de dos letras cuyo significado imagino pero por pudor no me atrevo a reproducir, pereció. A partir de entonces, se suscitaron una serie de paradojas dignas del mejor relato de Dolina o Fontanarrosa: service inservible, operadores inoperantes, repuestos que no se reponen. Además de promesas incumplidas y estériles disculpas. La alegría desapareció, el orgullo sigue en pie, y la bronca crece y crece. Conclusión: cuando compres un electrodoméstico, dirígete a un comercio específico. Al súper, cuando te quedes sin leche.
Jorge E. Tacconi / DNI 12111434