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Protesta del Comando Radioeléctrico dejó sin patrullajes a la ciudad

La disposición del gobierno de cambiar el régimen horario de trabajo motivó la protesta. El Ministerio de Seguridad dijo que el cambió tiende a aumentar la presencia policial en las calles.

Viernes 28 de Septiembre de 2012

En una protesta con contados precedentes en la ciudad, el personal del Comando Radioeléctrico se autoacuarteló ayer para demostrar su descontento ante un cambio en el esquema horario de trabajo ordenado por el Ministerio de Seguridad de la provincia. Mientras los agentes de la fuerza de calle plantearon que el nuevo régimen laboral "acorta el tiempo de descanso y limita la posibilidad de prestar servicios adicionales" para engrosar sus magros sueldos, el ministro de Seguridad santafesino, Raúl Lamberto, aseguró entrada la noche que "no se va a negociar el levantamiento de la protesta a costa de renunciar a la decisión de duplicar la presencia de móviles en las calles".

Más allá del reclamo formal expresado por los uniformados autoconvocados poco después del mediodía frente a la sede local de la Gobernación, medida que después se trasladó al patio interno de la Jefatura de la Unidad Regional II, a lo largo de un extenso día cargado de negociaciones quedó de manifiesto que algo se rompió en la cadena de mandos de una institución naturalmente verticalista. Tal es así que anoche, al cierre de esta edición, unos 200 agentes seguían dentro del predio de Ovidio Lagos al 5200 a la espera de una respuesta de las autoridades políticas de la provincia ante reclamos que "los jefes policiales no pueden resolver", según dijo uno de los referentes reunidos. Y el jefe de la policía provincial, comisario Hugo Tognoli, debió viajar hacia Rosario para reunirse con el propio Lamberto y el secretario de Seguridad Pública, Marcos Escajadillo, para buscar destrabar el conflicto.

Poco después de la 0.30 de hoy, esos dos últimos funcionarios recibían en un despacho de Jefatura a representantes de los manifestantes a fin de llegar a un acuerdo en torno a un petitorio de siete puntos elaborado por los agentes. Entre las demandas estaba mantener el regimen horario y que no haya sanciones.

El disparador. El reclamo formal de los uniformados tuvo como disparador el nuevo esquema horario dispuesto por la provincia. El mismo dispone 8 horas de trabajo por 24 de descanso en lugar de las 9 por 31 que realizaban desde hace apróximadamente un año los hombres de la fuerza de calle. El nuevo modelo fue bajado por la superioridad el miércoles y, según dijeron los policías, además de acortarles el tiempo de descanso les limita la posibilidad de realizar adicionales, lo que se traduce en un recorte de sus ingresos de bolsillo.

El reclamo empezó a visibilizarse pasado el mediodía cuando unos 70 uniformados y en servicio interrumpieron el patrullaje para concentrarse frente a la sede de la Gobernación, en Santa Fe al 1900. Entonces, estacionaron 30 patrulleros en ambas manos de la calle, mientras de a poco se les sumaron integrantes de otros tercios del Comando vestidos de civil.

"El único reclamo por el que estamos acá es el cambio de horario. Nos perjudica porque vamos a estar menos tiempo con nuestras familias, afecta nuestra vida privada y nos saca tiempo para hacer adicionales", planteó en una demanda de corte gremial uno de los efectivos que, al igual que el resto, habló bajo reserva de su nombre.

"No nos quejamos de las falencias del 911, del estado de los patrulleros que no tienen ni líquido de frenos, ni de la falta de uniformes. Ya sabemos cómo son los recursos en la policía, escasos. Nos quejamos porque no nos dejan el derecho a descansar. Cobramos 4.300 pesos de sueldo y no podemos vivir sin adicionales", plantearon.

Esos reclamos, ya entrada la noche y cuando la protesta se había centralizado en la Jefatura, se ampliaron a "una discusión por aumento salarial y la no aplicación de sanciones a los policías que se sumaron a la medida" entre otras demandas.

Innegociable. En ese marco, el ministro de Seguridad de la provincia, Raúl Lamberto, dijo apenas llegado de Buenos Aires que "no se va a negociar levantar esta protesta a costa de renunciar a nuestra decisión de duplicar la presencia de móviles policiales circulando por las calles de Rosario", dando a entender que el nuevo esquema horario duplicaría la presencia de patrullas en la ciudad y de esa manera se daría respuesta al reclamo ciudadano.

Lamberto confirmó que el problema se reducía a los efectivos del Comando ya que el resto de las fuerzas que integran la Unidad Regional II trabajaron normalmente y colaboraron en atender las áreas que no fueron cubiertas por la protesta. En ese refuerzo mencionó la participación de la Tropa de Operaciones Especiales, las seccionales, la Policía de Seguridad Vial, la ex Drogas Peligrosas y el Cuerpo Guardia de Infantería que aportaron hombres y móviles.

"El Ministerio de Seguridad —explicó Lamberto— entendió el mensaje de la sociedad de que hay que aumentar la presencia policial en las calles, y por eso estudiamos un cambio en el régimen laboral de los policías de calle. Este cambio fue conversado hacia adentro de la fuerza y no estamos dispuestos a volver atrás", manifestó. No obstante, no descartó "buscar una solución económica" a los agentes afectados que, no obstante, implica "otorgarles un franco más de servicio".

Duplicar. Los efectivos del Comando trabajan en horarios rotativos y en tres turnos: de 6 a 15, de 14 a 23 y de 22 a 7. "Con 24 horas de descanso nos quedan diez para hacer adicionales y diez para dormir, comer, bañarnos y estar con nuestras familias. Con el nuevo esquema se disuelve un tercio y nos acortan los francos para hacernos trabajar más. Si no nos tocaban el horario, esto no hubiera pasado", objetaron.

Los efectivos también aseguraron que actualmente sólo funcionan 30 móviles por tercio y que "no hay otros vehículos en condiciones" de hacerlo. Y dijeron que la innovación sería inaplicable en la distribución actual del personal: con un 70 por ciento de efectivos recién ingresados no podrían integrarse las patrullas con un policía nuevo junto a un "tutor" con antigüedad.

Los efectivos sostuvieron que habían planteado el reclamo a las autoridades puertas adentro un día antes pero que no fueron "escuchados". La protesta buscó efecto y visibilidad pública: "¿Dónde están las cámaras de televisión? Los medios tienen que contar lo que pasa. Ayer hablamos dos horas con los superiores y no escucharon el reclamo", dijo una joven agente poco antes de la desconcentración frente a la sede de Gobierno.

Primeras voces. A medida que la protesta se mantenía, comenzaron a acercarse hasta la sede de Gobierno autoridades de la Unidad Regional II.

El primero en llegar fue el propio titular de la policía rosarina, comisario Walter Miranda, quien sostuvo que había “bajado a charlar” con los efectivos porque “hay una inquietud que vamos a solucionar. La idea era cambiar el horario pero piden continuar con el anterior”, y aseguró que iban “a rever el horario”. “Las inquietudes que ellos plantean son comprensibles, por eso las estamos analizando y vamos a evaluar la situación administrativamente”, afirmó.
  A continuación llegó Sergio Vergara, titular de la Agrupación Cuerpos de la cual depende el Comando. “Es una inquietud que tienen algunos efectivos por un cambio en los horarios. Se han incorporado nuevos efectivos a la institución y los ciudadanos requieren mayor presencia policial. Tenemos que sacar más móviles por turnos y esto requiere modificaciones en los horarios. Es un acortamiento entre un turno y el otro pero que no conlleva el exceso de horas de trabajo del personal en la semana. Lo que sí hace es modificar los horarios de los adicionales, lo que les va a llevar varios días tratar de acomodarse”.
  Al ser consultado sobre posibles sanciones disciplinarias, Vergara respondió: “No, esto es una preocupación del personal, por eso ha bajado el jefe de unidad y he bajado yo. Lo estamos tratando de solucionar, de llevarle una tranquilidad al personal y nada más que eso. Van a volver a su servicio normal y cuando terminen el turno lo voy a estar esperando en la rampa que es el lugar donde se guardan los móviles policiales y se les va a dar las explicaciones. Se estuvo hablando con el turno de ayer y se iba a hablar con el turno de esta mañana al ingreso de este tercio. Son personas y yo como superior tengo que venir y decirles cuál es la situación y qué hay que cambiar. Merecen una explicación para que modifiquen lo que hace a la vida social, económica y familiar”.
  Finalmente, consultado sobre si un sindicato policial no hubiese cambiado el modo de protesta, Vergara dijo: “No soy quien deba evaluar esa situación. Hay una verticalidad a la que me debo atener y hacerle entender al personal que la situación social nos lleva a hacer una serie de modificaciones para seguir con el servicio normal”.

Razones. Tras las declaraciones a la prensa, el jefe de Cuerpos se acercó a su tropa para pedirles a los policías que volvieran a trabajar y entregaran los móviles al turno siguiente. “Tienen que volver al puesto de trabajo para recibir todas las explicaciones que he dado a los dos tercios anteriores. Vuelvan a las 14 y cuando termine su turno voy a estar en la rampa par dar explicaciones. Quiero que escuchen las razones y los porqué”, les dijo.
  Pese a la instrucción, recibida en silencio por la tropa, los efectivos se quedaron en la vereda algo más de media hora. Recién cuando empezaron a llegar rumores de que serían sancionados con un pase a disponibilidad, resolvieron volver a la Jefatura. Una larga fila de patulleros con las luces encendidas avanzó por Santa Fe, con las sirenas encendidas, rumbo al siguiente capítulo del conflicto. Vergara los vio partir desde la vereda, de pie junto a una columna de la luz sin saber lo que se venía.

Anoche. Los efectivos del Comando regresaron a Jefatura, donde se encontraron con el turno siguiente y resolvieron no salir. Alrededor de las 15 comenzaron a llegar familiares de algunos uniformados. “Vi lo que pasaba por televisión y me vine”, dijo el  padre de un suboficial, frente al portón de la Unidad Regional II de Francia al 5200.
  Una humilde mujer acompañada de sus hijas se agolpaba contra el portón que en un momento fue “cerrado por cuestiones de seguridad”, según indicó respetuosamente un guardia. Sin mucha información sobre el problema concreto, los familiares expresaban el malestar cotidiano que surge de combinar sueldos bajos con los riesgos del trabajo y, especialmente, las pocas horas disponibles para dormir o pasar en familia. Y no faltaba quien, aprovechando la proximidad de cámaras y micrófonos, denunciaba a viva voz problemas puntuales. l

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