Jueves 21 de Agosto de 2014
El asesino de masas, Stalin, afirmó con cinismo: "Una única muerte es una tragedia, un millón de muertes es una estadística". La familia Bertini, como cientos de familias más, vive una tragedia. Debe serlo también para cada uno de nosotros, sus vecinos, para que la muerte de Mariano no pase a engrosar las estadísticas. Estamos enfermos de una violencia que nos toca e involucra a todos. Y el ciudadano, desprotegido, en vano responde con lo que tiene a su alcance, trata de cuidarse, encerrarse o genera más violencia. Y hay responsables que no quieren asumir sus acciones y omisiones. Los políticos en puestos legislativos y ejecutivos de todos los niveles (Nación, Provincia y Municipio), en quienes hemos depositado nuestro mandato, no han cumplido. Han gobernado y legislado pensando en la próxima elección, en las ventajas o puestos a obtener, en qué negociado entrar. Votan leyes en función de alianzas. Han sido incapaces de organizar las fuerzas de seguridad. Pretenden distraernos con inauguraciones inocuas, proyectos que nunca van a realizar o ideologías que no tienen arraigo en la población. Pero el derecho a la vida, primero y principal de los derechos, no está garantizado ni protegido. El ejemplo más acabado del doble discurso y falta de compromiso político en la defensa de la vida lo vemos en los extremos de la misma. Gobiernos que contrariando a la Constitución nacional facilitan la muerte de los no nacidos mediante píldoras abortivas, "protocolos de abortos no punibles" y jubilaciones indignas que atentan contra la dignidad de los ancianos. Para salir de la cultura de violencia y muerte en que estamos inmersos debemos ser coherentes y decididos. Entender que toda vida es única, valiosa y sagrada. Que las leyes son justas y legítimas en la medida que se ciñen a la verdad. Que el Estado es el garante de las leyes, que puede y debe utilizar la fuerza como último recurso para su cumplimiento. La vida pública y privada de los gobernantes debe ser un ejemplo de austeridad, virtud, ejemplo para los ciudadanos y no una exhibición obscena de los beneficios de la corrupción. Por favor, señores gobernantes, protejan la vida.
Juan Pablo Scapini
DNI 17.668.202