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"Prostitución y transexualidad no están intrínsecamente ligadas"

El director del Promusida cree que la inclusión de las personas trans es un camino sin retroceso, pero en el que aún hay mucho que remontar.

Lunes 09 de Septiembre de 2013

Entre los avances en materia de derechos para todo el campo de la diversidad sexual que Argentina viene experimentando en los últimos años, todavía hay lugar de sobra para el reclamo. En el primer encuentro nacional del colectivo transexual organizado en la ciudad esta semana por la ONG Red Diversa y Positiva, el director del Promusida, Damián Lavarello, pasó revista a lo que hoy por hoy puede ubicarse en las columnas del debe y el haber. Y aunque no dejó de señalar los grandes pasos que se han dado en materia legislativa, de adecuación legal y corporal a la autopercepción de género, y de acceso a la salud, tampoco omitió lo que todavía es deuda. Y pesada. Por ejemplo, la desigualdad de oportunidades laborales, que aún mantiene a muchas personas atadas al trabajo sexual, cuando "de ningún modo está ligado de manera indisoluble ni intrínseca a la transexualidad".

—¿Cómo valora este encuentro?

—Este primer encuentro de la Red, que es de alcance nacional y reúne a personas trans y de todo el arco de la diversidad sexual, resulta de gran valor estratégico para todos los que trabajamos en el campo de la salud y específicamente en la problemática de VIH sida porque se trata de una población que hasta ahora ha sido muy afectada por la epidemia, con altas prevalencias, y también por algunos otros problemas. Hoy, con un programa bastante integral, las propias chicas de la red y de otras ONG, todas destinatarias de estas políticas sociales, debaten sobre cuáles son los mejores modos de implementar y hacer realidad el derecho básico de la inclusión. En la apertura, el ministro (de Salud provincial, Miguel) Cappiello señaló que este camino es el decidido y el que va a seguir quien lo suceda si él resulta electo concejal. Son políticas proactivas.

—¿Los avances legislativos a nivel nacional de los últimos años resultaron determinantes?

—Sí. Hoy permiten que una persona acceda a lo que necesita para vivir de acuerdo al género sentido. Puede cambiar su identidad de género: si fue llamado Juan por sus padres puede decidir que de ahora en adelante se llamará Joana. Puede pedir hormonas en un centro de salud si elige iniciar un proceso que lo lleve a tener un cuerpo más acorde a ese género. Y eventualmente ya estamos hablando de favorecer el acceso a cirugías de adecuación corporal para que puedan quedar próximos al género sentido. Hay que quitarle dramatismo a esto: no son amputaciones, sino adecuaciones, cirugías plásticas.

—¿Pero en Rosario esas cirugías no se empezaron a hacer ya?

—Se hacen las mastectomías bilaterales. Y también se está hablando de aplicar prótesis mamarias en hospitales públicos, algo que enfrenta el problema de los costos pero que apunta a evitar que una joven se inyecte 250 centímetros cúbicos de aceite siliconado en cada mama, una sustancia que le va a traer graves problemas de salud a mediano o largo plazo porque invariablemente el aceite no es estable en el cuerpo humano y migra, con muy serias consecuencias para la salud.

—¿Qué otra deuda pendiente importante abordó el encuentro?

—Entre otras, la problemática laboral: poder acceder a empleos dignos y no a pensiones de pequeños montos. Tener igualdad de condiciones para acceder a empleo genuino. Hoy una compañera decía por qué tiene que ser pasante por 700 pesos en una oficina si hace el mismo trabajo que un empleado por 5 mil. Empleo de favor no: con las mismas responsabilidades y las mismas condiciones, igualdad ante la ley, dignidad, ciudadanía. Y, por supuesto, tratar de evitar en la medida de lo posible el trabajo sexual, que de ningún modo está ligado indisoluble ni intrínsecamente a la transexualidad. Algunas lo seguirán haciendo, pero que muchas más tengan otras chances. De hecho, se empieza a equilibrar esto: hoy no todas las chicas travestis o trans son trabajadoras sexuales.

—¿Las adicciones siguen siendo un problema grave en este colectivo?

—Sí, muy fuerte, pero increíblemente hasta no hace mucho no llegaba a los centros de rehabilitación. Es bastante común el combo de trabajo sexual nocturno y droga. Una cosa muy loca, muy propia de nuestra época: un tipo que llega a Sarmiento y Pasco en un superauto y paga por una mezcla de sexo, cocaína, alcohol, y quiere y exige que la chica trans también consuma. Ella llega doblada a su casa en la periferia a las 5 de la mañana o al mediodía, con bolsitas de cocaína en los bolsillos, y tiene una durísima situación que remontar ante la familia. Lo que pinta como una salida aparentemente fácil, porque ahí circula mucho dinero, con los años le deja a esa chica un conflicto muy grave. Ahora ese problema sí está empezando a llegar a los centros de rehabilitación como Alcohólicos Anónimos o Nazareth.

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