Miércoles 15 de Diciembre de 2021
La prostitución masculina suele ser “invisibilizada o criminalizada”; es un colectivo con mucha “vulnerabilidad” o que reúne a personas que provienen de ambientes vulnerables, pero que está integrado por “muchachos que están ganándose el dinero para sobrevivir”. Así lo afirma Francisco Ríos Flores, el director de “Miserere”, un documental que registra una jornada laboral de seis varones de entre 20 y 40 años que ofrecen sus servicios sexuales en la plaza del barrio de Once que da título al filme.
Ríos contó a La Capital cómo fue su acercamiento a la compleja realidad de este grupo de personas que en su mayoría “no se consideran gay ni bisexuales; ellos sólo tienen sexo con hombres por dinero”. También recordó de qué manera lo impactaron determinadas historias -su trabajo “precarizado”, las situaciones de calle en plena pandemia y el límite entre los afectos y el sexo- y cómo, a través de este filme, se involucró en la defensa de los derechos de los trabajadores sexuales. “Miserere” se estrena hoy, a las 20, en Distrito Seis Centro (San Martín 1168). Luego de la función se realizará un debate con la presencia de dos trabajadores sexuales de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (Ammar), uno de los protagonistas de “Miserere” y el director.
¿Por qué decidiste filmar este documental? ¿Cual fue el disparador?
Yo vivía en la zona de Once y la Plaza Miserere. Durante muchos años pasé por la estación y la plaza como un transeúnte más y muchos años después me cruzo con un taxi boy. El me dice que está trabajando y me cae la ficha de qué estaba trabajando en Once, algo que desconocía a pesar de ser vecino. Me acerco a los muchachos y empiezo a descubrir cómo era el trabajo sexual, y lo que me moviliza es una realidad de mucha vulneración de derechos porque lo que sucede es que es una situación a plena luz del día, pero invisibilizada porque es de mucha injusticia, donde los pibes son violentados por la policía, hay clandestinidad y con montos muy poco justos. Me pareció importante visibilizar esa situación, aportar a través de la película sobre esta realidad que se desconoce o conoce muy poco. Y que a nivel mediático, además, suele ser criminalizada, con la típica figura del taxi boy criminal, asesino, ladrón, y son muchachos que están ganándose el dinero para sobrevivir.
¿Cuál es la estructura de la película?
La estructura es un día de verano, una jornada de trabajo de estos muchachos, desde la mañana hasta la la noche; cómo es esa jornada, esa búsqueda, esa espera mientras escuchamos en off sus reflexiones. No es biográfica, sino la jornada de seis varones que trabajan en Once.
¿Qué historias te resultaron más impactantes? ¿Qué reflexión hacen los protagonistas sobre este trabajo?
Durante este tiempo conocí muchos varones que se dedican a esta actividad en Once, y son muchos más que los que la gente cree. Empecé a encontrar muchas historias de pibes que son expulsados de sus casas, que son violentados en las calles, que no tienen recursos y que terminan en situación de encierro o que murieron muy jóvenes. Me pasó que conocí a algunos con una salud muy delicada, muy solos, que terminan en situación de encierro por una actividad que a veces viene unida a otras actividades clandestinas. Lo que a mi pasó es que una vez que hice la película y más allá de la visibilización, me acerqué a la militancia por el reconocimiento de derechos de la actividad para otros pibes, no para que no lo hagan, sino que lo hagan con ciertos derechos garantizados.
¿A qué te referís cuando mencionás “otras actividades clandestinas”?
Algunos pibes cuando no tiene recursos terminan manoteando un celular para poder ganarse un peso y terminan en situación de encierro.Aparte muchos de los pibes tienen un consumo problemático. Es algo que complica y complejiza la situación. Hay muchos que laburan ahí y que también están situación de calle.
¿Viste algo distinto, algún caso en los que hayan deseado y logrado dejar la actividad?
Yo soy de la idea no de que se salga, sino que puedan realizarla con ciertos derechos. No considero que tengan que salir, sino que la pueda realizar con mejores condiciones. Y hay otro tema que no tiene que ver con mi película y es que hay otro grupo de varones que hacen este trabajo en paginas web, que cobran otros montos. Ese es otro mundo, en cambio en el caso de la película es un trabajo precarizado. Son años de estar en el Once con esta actividad. Los que no quieren realizarla finalmente se van, pero la verdad es que no ganan mucho dinero. Es algo que tiene que interesar por los motivos personajes que sean. Conocí a chicos que querían irse y finalmente lo hicieron. Lo que pasa es que muchos de los muchachos que hacen esto, acceden a otros trabajo también precarizados. No es que salís y vas a estar mucho mejor.
¿Qué edades tienen los protagonistas y de dónde son?
Hay cuatro entre 22 y 28, uno de 35 y otro ahora de 40. Hay un español, eso es bastante curioso; el resto son del conurbano y otro muchacho de un pueblo de la provincia de Buenos Aires. El español había hecho trabajo sexual en España, se pone de novio con una argentina y viene a Buenos Aires. Acá se termina el vínculo y el se queda y como era lo que sabía hacer, entró en la actividad. De hecho hoy ya no no lo hace más, no trabaja más de esto. Son todos testimonios en off y reflexiones de los protagonistas.
¿Por qué la prostitución masculina es menos visible que la femenina?
Hay muy poco cine de prostitución masculina, poca literatura, poco material y es algo tan antiguo como la prostitución femenina, no hay diferencia en ese sentido. Creo que hay algo mucho mas clandestino en la actividad que tiene que ver con la sociedad patriarcal y machista porque son varones que en general tiene sexo con otros varones y casi todos los protagonistas no se consideran gay ni bisexual. Ellos sólo tienen sexo con hombres por dinero. Respecto a la diferencia con las mujeres es significativo que no sólo están invisibilizados, sino que no están organizados. Las chicas trans o cis están organizadas, en cambio en el caso de los varones no es así. Tal vez tiene que que ver con la mirada de la masculinidad, con la idea de yo puedo con todo. Hay una mirada sobre la propia masculinidad, no se juntan y no luchan como lo hacen las mujeres cis y trans.
¿Cómo lo viven si se genera algún tipo de vínculo?
Es muy usual entre los clientes y los taxi boys un tipo de amistad que trasciende el servicio sexual. Por ejemplo, el año pasado en plena cuarentena había dos chicos parando en la calle, en pleno invierno. Me acerqué a ayudarlos y ví cómo venían antiguos clientes a dejarles agua, comida, elementos de limpieza, ropa. El vínculo trasciende del sexo a la amistad y a veces también a una pareja.
¿Por qué no existe para los varones algo similar Ammar?
Ammar está abierta a que vayan varones cis, y hay, lo que no hay es este tipo de masculinidades porque hay varones cis, pero no están los muchachos más hegemónicos, con masculinidades ligadas al macho, a lo viril. Los pibes cuando ofrecen sus servicios lo que dicen es que son machos. En cambio los varones cis que van a Ammar no tienen ese perfil. Lo que falta es que ese tipo de masculinidad viril se pueda acercar o crear otras organizaciones. Falta que este tipo de masculinidades se acerquen. Durante la cuarentena hubo dos casos muy conocidos de dos asesinados, y uno de ellos publicaba en páginas web. Hay un lugar muy vulnerado y vulnerable. No organizarse es una trampa, sentir que podés con todo. La clandestinidad es una trampa mortal.