Viernes 04 de Julio de 2014
Soy mamá de niños que asisten a la institución de Salta entre Ovidio Lagos y Callao. Viví el horror por televisión del accidente de la docente en la esquina de Salta. Hace años los padres subsistimos a un sistema de tránsito sin solución. Estamos preocupados por nuestros hijos y la velocidad que toman los autos por esas calles, la falta de respeto al semáforo y los “aceleres” para ganarle al rojo. Esa calle también los fines de semana es siniestra y se ha convertido en tierra de nadie desde que es imposible estacionar, no hay estacionamientos en varias cuadras a la redonda, se incluyó la bicisenda y los carriles exclusivos. La salida de nuestros hijos se han trasformado en un sistema de cuidado y temor permanente. Pero no somos los únicos. Creo que todos los padres de todas las instituciones viven circunstancias similares. Manejando por la costa, veo como han quedado las refacciones en la entrada a Rosario y la famosa calle que nunca querían arreglar porque se convertía en autopista (bajo el parque Urquiza) ahora traban el acelere desmedido unos pocos lomos de burro casi planos que hacen desestimar a los automovilistas de sus aires de corredores de Fórmula 1. Y si en cada esquina de cada escuela se hacen estos “lomos de burro planos”, y también frente a edificios concurridos como hospitales, canchas de fútbol. Que hagan desestimar al conductor imprudente de una picada rápida. No hay quien no frene ante estas barreras de cemento, por ahí para cuidar su auto, podremos salvar alguna vida.
María Lorena Bianchi
DNI 18.440.526