Lunes 07 de Septiembre de 2009
El hecho de que los precios que muchas empresas multinacionales aplican a sus productos no están basados en su costo real, aun incorporando fabulosas ganancias en él, no es una novedad. Al precio lo determina más que nada el consumo del producto en cada lugar. En esto, la penetración que tiene la propaganda en la población juega un papel fundamental, y esa influencia depende de diversas singularidades idiosincrásicas. Hasta allí, deberíamos conformarnos pensando que "uno debe pagar lo que le tocó pagar por vivir en el país en que le tocó vivir". Sin embargo, si en un intento por sostener precios abusivos, a los espejitos de colores que toda propaganda pregona le sumamos falsas promociones, la cosa cambia. En ese caso, estamos lisa y llanamente frente a una estafa. Si vive en la provincia de Santa Fe y compró Coca-Cola "Zero" pensando que por cada cuatro de ellas iba a obtener una adicional sin cargo al formar la palabra "Zero" con cuatro tapitas, tal como lo prometen los afiches que empapelan la ciudad y todos los almacenes, usted ha sido estafado. Ningún almacenero se las aceptará. Si llama al 0800-888-888 (atención al cliente de Coca-Cola), "Elizabeth" le dirá que la promoción "no está activada", ni en ésta ni en muchas otras provincias del país (Buenos Aires, por supuesto, es una excepción). Me pregunto y les pregunto: ¿hasta cuándo seguiremos siendo indios de tierra adentro que entregamos fortunas a cambio de espejitos de colores, sin que se tomen siquiera la molestia de darnos al menos un espejito donde reflejar una modesta ilusión?
Marcelo G. Roma,
mroma@fbioyf.unr.edu.ar