Progreso y miseria
Los progresos tecnológicos, el avance de la ciencia, el descubrimiento de nuevos métodos de producción que han multiplicado el número de unidades producidas especialmente en la industria metalmecánica (autos, motos...

Sábado 13 de Agosto de 2011

Los progresos tecnológicos, el avance de la ciencia, el descubrimiento de nuevos métodos de producción que han multiplicado el número de unidades producidas especialmente en la industria metalmecánica (autos, motos, heladeras, aire acondicionadores, televisores, celulares) no ha sido acompañado por una mejor calidad de vida y la real y concreta disminución de la pobreza. En un país que como el nuestro produce granos para alimentar a más de cinco veces su población, se resigna a la pérdida de vida de más niños antes de cumplir el año de existencia y subsisten muchos con graves cuadros de desnutrición que les condicionan sus capacidades físicas e intelectuales de por vida. ¿S; eguiremos sin reaccionar? A pesar de los grandes avances y expansión de la economía global, se han incrementado los síntomas de desintegración social en muchos países, muchos más de los que pensamos y algunos con pretensiones de liderazgos, o citados como ejemplos del crecimiento sostenido de sus economías y mientras sus conflictos se multiplican sin que nuestras dirigencias encuentren soluciones duraderas. Los llamados desarrollados, que han alambrado sus fronteras para impedir las migraciones; los periféricos que siguen expulsando hombres y mujeres que buscan otros destinos; la reaparición de la xenofobia con peligrosos tintes racistas y las reacciones de algunas sociedades que ven como positivo el rearme de las fuerzas de seguridad en claro apoyo a las represiones que se suceden por falta de otras soluciones a los problemas de la vivienda, el trabajo, el salario digno y la salud pública de fácil acceso para todos, nos muestra un cuadro de situación que era impensable hace solo veinte años atrás. Las luchas por la preservación del “oro negro” no ha tenido límites ni éticos políticos y los métodos de apropiación han superado todos los ni soñamos que podrían ser superados, siempre basados en que el hombre no podría llegar a estos extremos, pero que la realidad actual nos indica corrimientos de esos límites que hacen perder nuestra capacidad de asombro. Los daños que se le infieren al planeta, la destrucción de recursos esenciales para la vida (como el agua), los procesos de contaminación ambiental, que incluyen el agua, la continuidad de las carreras armamentistas que demuestran la fragilidad institucional de los organismos internacionales tales como la ONU, OEA y el fracaso de los intentos por conciliar los intereses de los pueblos, persistiendo el sometimiento de los débiles a los poderosos, pone al mundo en una estado de indefensión tal que este 2011 nos lo preanuncia como muy conflictivo en lo humano y social. Y referido esencialmente a nuestro país, qué cambios nos aseguran soluciones a los problemas que venimos heredando desde aquellas migraciones internas que desde la década del 90 del siglo pasado, dejaron al interior sin trenes, sin preservación de bosques nativos, sin agricultura sostenible en producción diversificada, con uso abusivo de plaguicidas contaminantes e indicando un total desprecio por la salud actual y futura de nuestros pobladores tras la afiebrada búsqueda de la “rentabilidad y el alto beneficio” por parte de grupos de intereses contrapuestos a los de nuestra sociedad. Mientras estos síntomas se agudizan, nuestra dirigencia política, gremial, empresarial, social y hasta estudiantil, parecen más preocupados por el resultado electoral del calendario venidero que por la solución a estos graves problemas descriptos, que aún no veo reflejados en los tibios esbozos de programas o plataformas, marcando una preocupante ignorancia o desidia de las conducciones y liderazgos.

Angel M. Contestí