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Profesionalismo y ética en la cirugía

Desde una mirada netamente humanista, el autor plantea los presupuestos básicos del cirujano en una época donde convergen los grandes avances de la tecnología con la crisis de valores que aqueja a la sociedad

Lunes 15 de Septiembre de 2014

En un momento como el actual, caracterizado por una gran crisis moral y ausencia de valores éticos, en base a lo vivido y aprendido durante años, como médico, especialista en cirugía general y docente universitario, me parece oportuno efectuar algunas reflexiones.
El capital más importante de un médico es su conocimiento, ya que, como expresara Claude Bernard: “El  que no sabe lo que busca, no entiende lo que encuentra”. Agradezco haber tenido una educación de tipo enciclopedista y abarcativa durante mi etapa de formación médica. Sin embargo, el conocimiento es dinámico y cambiante, por lo que, después de graduado, el médico debe actualizarse en forma permanente en un ejercicio de educación continua, teniendo en cuenta que, en las últimas décadas, los avances de la tecnología diagnóstica y terapéutica han generado nuevos desafíos en la práctica de nuestra profesión.
Si bien el conocimiento es un valor indispensable en el ejercicio de la medicina , el sentido comun con espiritu critico,  en la toma de decisiones, es un complemento para el ejercicio responsable de nuestra práctica diaria.
La responsabilidad  del médico se pone de manifiesto en el quehacer cotidiano, exhibirla es bueno para el paciente y la familia, pero es fundamental para uno mismo, ya que es uno de los atributos indispensables para nuestra propia autoestima. En ese sentido, es necesario indicar los procedimientos diagnósticos y terapéuticos conociendo:
• Pros y contras de cada uno.
• Efectividad y especificidad.
• Disponibilidad y costos.
• Orden o secuencia de aplicación.
• Resultados basados en la evidencia.
• Grado de recomendación de los mismos.
También es aconsejable que el enfoque y el manejo del paciente sea multidisciplinario, para que el  trabajo en equipo y las decisiones consensuadas permitan optimizar los resultados, minimizando errores en función de la crítica grupal.
En esta época de grandes avances tecnológicos, especialmente en el área de procedimientos diagnósticos, se corre el riesgo de que el trato con el paciente sea más distante, por lo tanto, es imprescindible humanizar la relación médico-paciente. Marañón afirma que uno de los inventos más revolucionarios de la medicina ha sido “la silla”, ya que, al sentarnos al lado del paciente, interrogarlo, escucharlo, examinarlo, estamos en condiciones de darle las explicaciones que nos pida, y así contenido, nos permitirá aconsejarlo en la toma de decisiones.
Además de todas las virtudes y actitudes ya mencionadas, la humanización de la medicina incluye: respeto, justicia, lealtad, compasión, tolerancia, solidaridad y compromiso. En especial cuando la evolución de la enfermedad o los resultados terapéuticos no son los esperados.
Un capítulo aparte merece la actividad quirúrgica. El doctor Andrés Santas decía: “El cirujano es un médico y algo más”, a que en esta área son además importantes la habilidad manual y la destreza tecnica ,que, siendo en algunos innata, en otros se puede lograr luego de un intenso entrenamiento. Esto es de singular importancia en la actualidad, ya que ciertas maniobras quirúrgicas tradicionales están siendo reemplazadas por una mayor destreza en el manejo de nuevas tecnologías y, muchas de ellas se realizan incluso desde fuera del espacio corporal, como la cirugía videolaparoscópica o desde una consola , manejando un robot.
No obstante, lo más importante sigue siendo el juicio equilibrado que nos permita discernir cuándo, cómo y por qué operar.
El cirujano debe tener el temple necesario para resolver situaciones difíciles pero también la humildad para saber reconocer el límite de sus conocimientos  y/o habilidades, permitiéndose pedir ayuda en situaciones adversas en beneficio del paciente. Debe ser autocrítico con el resultado de sus intervenciones, pudiendo adelantarse o al menos reconocer precozmente posibles complicaciones, para resolverlas en tiempo y forma.
Todo esto hace al compromiso que se debe tener con el paciente, ya que somos conscientes de la confianza  que éste deposita en nosotros en una situación extrema y totalmente vulnerable como es la de la entrega de su cuerpo para un tratamiento quirúrgico.
Como manifiesta el profesor Carlos Castilla: “La cirugía es arte, ciencia y conciencia”. Si se pierde el arte claudica la acción, si se descuida la ciencia se pierde la luz, y si se obvia la conciencia, se vende el alma.
De lo antedicho se desprende que la única cirugía que seguirá siendo éticamente aceptada, debiera ser:
• Honestamente indicada.
• Absolutamente necesaria.
• Sólida y solventemente efectuada.
• En un paciente bien informado.
El doctor Alberto Ferreres  es sabio al afirmar que los siete pecados capitales en que no debe incurrir un cirujano son: insensatez, desidia, indiferencia, pereza, vanidad, temeridad y soberbia.
Todo lo anterior se resume en la frase de autor anónimo: “La cirugía, para quien la ejerce de verdad, es como un amor apasionado que te quita los días y te desvela por las noches “.

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