Domingo 30 de Junio de 2013
Edgardo Daniel Olivera, un recluso de 19 años, murió asesinado por un profundo facazo en el pecho la tarde del miércoles 9 de mayo en el pabellón B de la alcaidía de Jefatura. Por el hecho el juez de Instrucción Javier Beltramone procesó al interno Sebastián Alejandro Acosta, de 27 años. La hipótesis principal es que los dos presos se trenzaron en un duelo criollo y que no hubo una legítima defensa por parte del acusado, tal cual lo pretendieron sus abogados.
En un lapso de 26 días en la alcaidía de la Jefatura de la Unidad Regional II hubo cuatro asesinatos. El 12 de abril los muertos fueron Miguel Angel Japo Saboldi, Guillermo Benavente y Darío Escobar. Los tres estaban en el pabellón 3 y murieron en un incendio intencional que es investigado por la jueza de Instrucción María Luisa Pérez Vara. El 9 de mayo, en tanto, murió Edgardo Daniel Olivera, un recluso oriundo de la zona más pauperizada del barrio Ludueña que cumplía condena en el pabellón B.
Olivera llevaba un año alojado en ese sitio cuando el 4 de mayo llegó trasladado desde la comisaría 30ª Sebastián Alejandro Acosta. El muchacho había sido detenido por tentativa de robo y era uno de los dos nuevos del pabellón. Quienes conocen el presidio dicen que el conflicto entre los nuevos y los viejos es algo natural en los pabellones de ingreso. Así que a nadie le sorprendió que los dos pibes que arribaron el fin de semana previo al crimen de Olivera tuvieran problemas de convivencia y debieran pelear por conservar sus prendas y su espacio.
Así, tras un incidente en el que los dos protagonista del duelo final tuvieron su primer encontronazo, llegó la tarde del miércoles 9. "Escuché que Sebastián Acosta le decía a Olivera que iba a pelear y el que ganaba se quedaba con la ropa y las zapatillas. Olivera es derecho y Acosta es zurdo. Y se empezaron a chucear (tirar puntazos con una faca). Olivera le dió a Acosta en el pecho, a la altura del corazón, pero solo fue un roce. Acosta se dio vuelta y fue ahí cuando lo tomó (a Olivera) y, como es zurdo, le dió en el omóplato derecho", relató ante el juez uno de los 46 internos que fueron testigos del duelo.
Tras el crimen, en el pabellón se secuestraron varias facas, una de ellas "de 35 centímetros de largo, envuelta en trapo y en una funda de almohada con manchas rojizas", que sería el arma homicida.
"De las imágenes filmadas por las cámaras ubicadas en el pabellón se logra visualizar a un hombre de remera naranja o roja, corpulento, que salió de alguna de las celdas que se encuentran entre las números 16 y 19 y se dirigió hacia la celda número 1, donde habitaba la víctima. Y luego de mantener una disputa con armas blancas, uno de ellos cayó al suelo y ese masculino (Acosta) se dirigió hasta otra de las celdas", en la que fue hallado por la guardia, se lee en la resolución.
Con respecto al planteo de los abogados de Acosta, que sostienen que fue un acto de legítima defensa, el juez dijo: "No puede acreditarse la legítima defensa ya que claramente se distingue que Acosta va a buscar a Olivera".