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Procesaron a dos ladrones por fatal y millonario asalto a un blindado en zona sur

Resolución judicial de un trágico hecho. Los mensajes de texto entre un maleante muerto y sus cómplices orientaron la investigación policial y sustentan el dictamen.

Sábado 01 de Marzo de 2014

Dos hombres fueron procesados por un fatal asalto a un camión de caudales ocurrido en junio del año pasado frente a un banco de la zona sur. En el lugar se desató una balacera entre el trío de asaltantes disfrazados de obreros y dos portavalores, en la que uno de los ladrones fue alcanzado por varias balas y murió tras correr unos cien metros. A partir de la información extraída del celular del maleante muerto la policía llegó a sus cómplices, acusados de alzarse con un botín que según la resolución judicial trepó a un millón de pesos. Uno de los últimos mensajes captados en el teléfono del ladrón fallecido y enviado a uno de sus socios minutos antes del golpe fue considerado todo un indicador: "Amigo encará para el lugar".

La resolución del juez de Instrucción Luis María Caterina alcanzó a Jorge Ramón Valenzuela, de 45 años, y a Miguel Andrés Gauna, de 24, procesados por robo calificado y con prisión preventiva al estimarse que, en caso de recuperar la libertad, podrían intentar "eludir la acción de la Justicia". Es que si llegan a ser condenados la pena prevista es de 5 a 15 años de prisión. En el mismo hecho murió Walter Darío Ríos, de 39 años, quien era amigo de Gauna y con quien había intercambiado mensajes el día de la infernal balacera.

Acción y muerte. El asalto al blindado fue el 19 de junio de 2013 frente al Nuevo Banco de Entre Ríos de San Martín al 4400. Tres hombres vestidos como albañiles, con mochilas, herramientas y cascos de trabajo simularon esperar el colectivo cuando en realidad aguardaban la llegada de un camión de caudales de Prosegur. A las 14.45 un portavalores y un custodio armado con una pistola ametralladora bajaron del vehículo y emprendieron una rápida caminata de diez metros hasta la entrada de la entidad bancaria. Pero no pudieron llegar: los ladrones entraron en acción.

Uno de ellos le arrebató las dos sacas de dinero con 500 mil pesos cada una al empleado de Prosegur mientras los otros iniciaban un desaforado tiroteo con el custodio. La escena quedó regada con al menos 50 vainas servidas de distintos calibres. Algunos de esos proyectiles alcanzaron a dos vehículos estacionados: un Chevrolet Agile que terminó con los cristales rotos y el Fiat Regatta del bicicletero de la cuadra que se quedó sin la luneta y con dos perforaciones en la carrocería.

Los dos ladrones que llevaban las sacas escaparon a la carrera por calle Mister Ross. Allí, a mitad de cuadra, se subieron a un Chevrolet Corsa gris que tenía pedido de captura por haber sido robado en Soldini el 14 de junio y que apareció abandonado más tarde en 24 de Septiembre y Juan Manuel de Rosas, a 10 cuadras del banco y muy cerca de la casa de Gauna. Al parecer uno o ambos subieron luego a un Fiat Regatta que más tarde se encontró abandonado en barrio Ludueña.

El tercer ladrón, Walter Ríos, corrió en sentido contrario cubriéndose con disparos. Giró al este en Juan Canals pero a mitad de cuadra cayó sin vida con un tiro en la espalda y otras heridas. Tenía una condena del año 2005 por un robo calificado y homicidio de abril de 2001. Junto al cuerpo quedó un revólver 32 largo.

La pesquisa. La punta del ovillo en la investigación fue el celular que secuestraron los policías entre las ropas de Ríos. Los últimos mensajes lo conectaban con Valenzuela y Gauna, arrestados seis días más tarde en un centro de recuperación de adictos de Sarmiento y Pellegrini al que asistían por orden de un juez de Sentencia que tramitaba causas penales previas. Valenzuela permanecía con un régimen de puertas abiertas; Gauna tenía permiso para ir desde su lugar de detención en la comisaría 30ª escoltado por policías, o en ocasiones, por su padre.

Ese día, según reportó el personal del centro, Gauna había ingresado a las 8 y se había retirado a las 13. Valenzuela tenía un esquema flexible por el cual no daba cuenta de sus entradas y salidas. Ese margen de horarios, para el juez, demuestra que "claramente" pudieron haberse retirado a tiempo para cometer el asalto. Pero lo más revelador fue el material hallado en los celulares.

Gauna tenía una relación muy estrecha con Ríos: eran amigos y así lo manifestó en el juzgado cuando quiso declarar. También quedó plasmado en un mensaje que él mismo le envió horas después del hecho a Valenzuela, y que textualmente decía: "... sabés putaso es un bajón hera gualter al ke voletiaron" (sic).

Un día antes del golpe, Ríos le había enviado un mensaje preparatorio que decía: "Amigo agarrá la herramienta que está en la mochila dentro dl auto está 2nde acordamos". Y, más tarde, "vamos del enano", como el fallecido tenía registrado en sus contactos a Valenzuela. Por último, a las 13.42 del día del golpe le mensajeó: "Amigo encará para el lugar".

Otro texto considerado elemento de prueba fue enviado por Valenzuela a Gauna trás el hecho: "No le contés nada a nadie putaso sabés". Esto, más las actas policiales, las evidencias del robo y los relatos de testigos, del portavalores, del chofer del blindado y de un policía que cumplía adicionales, llevaron al juez a dictar el procesamiento de los detenidos que afrontarán un juicio escrito por el golpe que terminó con un ladrón abatido.

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