Lunes 15 de Marzo de 2010
Ramón Anselmo Rodríguez o Chamil, según el apodo con que se lo conoce en barrio Las Flores, logró esquivar durante mucho tiempo una acusación por el asesinato de un chico de 11 años ocurrido en abril de 2008. Lo hizo utilizando nombres falsos, un ardid que implementó al menos cuatro veces en los últimos nueve años cada vez que fue detenido. Pero cuando lo capturaron la última vez en noviembre pasado imputado de un robo a mano armado, el sistema de identificación que funciona en la Alcaidía de la Unidad Regional II dejó al descubierto quién era en realidad. A casi dos años de la violenta muerte del menor, Rodríguez fue procesado por homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego, una tipificación que de ser confirmada prevé una pena de cárcel de entre 10 y 33 años.
La resolución fue firmada por el juez de Instrucción Nº 15 Jorge Baclini, quien llevó adelante las actuaciones por la muerte de Pablo Gabriel García, un nene de 11 años que falleció cuando era transportado en moto por su papá en Estrella Federal y Guardia Morada. Eso ocurrió el 13 de abril de 2008.
Señalamiento. La víctima iba sentada casi sobre el tanque de nafta de una Yamaha 125 que era conducida por Pablo Avalos. En el cruce de esas calles, en pleno barrio Las Flores, una persona a la que los testigos identificaron como Chamil disparó hacia el rodado con una pistola 9 milímetros. Una sola bala atravesó la cadera del chico y lastimó a Avalos en una pierna.
Una vez abierta la investigación, varios testigos, entre los cuales se hallaban el padre y otros familiares de la víctima, coincidieron en situar a Chamil en el rol de autor del disparo. Así se supo que el portador de ese apodo era Ramón Anselmo Rodríguez y un par de días después del fallecimiento de Pablo la precaria casa donde el sospechoso vivía fue quemada. A partir de ese momento el imputado desapareció y no hubo más novedades sobre su paradero hasta el 3 de noviembre de 2009.
Atraco. Ese día, Chamil fue detenido por efectivos del Comando después de que asaltara, junto con un cómplice, a un joven de 29 años en Avellaneda y Uriburu. Entonces dijo llamarse Juan Carlos Alberto Osuna y con ese nombre llegó a la Alcaidía. El sistema de reidentificación estableció que había usado cuatro nombres falsos desde 2001 y que el verdadero pertenecía al principal acusado por la muerte del chico García. El juez Baclini evaluó dos indicios importantes al momento de adjudicarle el hecho: el reconocimiento que hicieron los testigos directos del hecho, por un lado, y la adopción de identidades apócrifas, "con la intención abierta de evadir los registros en los que figuraba con captura".