Martes 19 de Mayo de 2015
Salvo en ámbitos específicos, no es muy recordado cada aniversario del nacimiento de Juan Pascual Pringles, "el héroe de Chancay", ocurrido el 17 de mayo de 1795 en lo que actualmente es la ciudad de San Luis. Como la vida de José de San Martín, Juan Bautista Cabral, Juan Galo de Lavalle, Gregorio Aráoz de Lamadrid, Justo José de Urquiza, Facundo Quiroga, Lucio Norberto Mansilla; Estanislao López, Francisco Ramírez, "el Chacho" Vicente Peñaloza y José María Paz, entre otros hombres de armas argentinos, la de Pringles roza la fantasía. Su bautismo de fuego lo tuvo en febrero de 1819, cuando con el grado de alférez y teniendo 24 años de edad, junto a los soldados de la guarnición puntana y al riojano Facundo Quiroga, sofocó la rebelión de prisioneros realistas procedentes de las batallas de Maipú y Chacabuco. En agosto de 1820, ya como teniente según algunos historiadores (para otros seguía siendo alférez), Pringles partió de Valparaíso rumbo a Perú con el Ejército de los Andes creado por San Martín; y es allí, en tierras peruanas, donde ejecutó la acción que es emblema de su carrera militar. La protagonizó en las proximidades del pueblo de Chancay. En efecto; al frente de un pequeño grupo de granaderos y encomendado por San Martín, llevaba garantías y mensajes para un batallón enemigo que quería pasarse a las tropas independentistas, pero fue sorprendido en los acantilados de la caleta Pescadores por un numeroso escuadrón realista por lo que Pringles, luego de pelear y ser vencido fue intimado a rendirse; lejos de entregarse, se cubrió con la bandera argentina y se arrojó al vacío con sus hombres cayendo al mar, prefiriendo morir a entregar esos importantes documentos. Sin embargo en un noble gesto, tal vez inducido ante esa increíble manifestación de coraje, el general enemigo Gerónimo Valdés los rescató del océano y les permitió destruir la documentación. Pero algunos autores sostienen que eso de arrojarse al mar para salvar la bandera y los papeles, y la generosa actitud del jefe realista, es solamente el resultado de la más encendida y romántica imaginación. Como quiera que sea, Pringles y los granaderos a su mando fueron reducidos y permanecieron en la fortaleza de El Callao, hasta que fueron liberados por el Ejército de los Andes, en el marco del canje de prisioneros producido en noviembre de 1820. Después de ese famoso y controvertido episodio, Pringles siguió luchando en la cruzada libertadora hasta la batalla de Ayacucho, la última gran contienda por la independencia iberoamericana. De regreso en tierra patria intervino en la guerra con Brasil, y bajo el mando del entonces comandante José María Paz combatió en la trascendente batalla de Ituzaingó; un éxito militar logrado el 20 de febrero de 1827 que como es sabido, derivó en una fase diplomática a cargo del ministro plenipotenciario José Manuel García, cuya gestión hasta hoy es motivo de polémica. Pringles finalizó su campaña guerrera sirviendo a la causa del general Lavalle, en uno de los capítulos de la guerra civil que ensombreció al país. Finalmente, con el grado de coronel y en sus lares puntanos, fue derrotado dos veces por su antiguo compañero de armas Facundo Quiroga. Y como no podía ser de otra manera, su azarosa vida comenzó a extinguirse de manera novelesca a orillas del río Quinto; allí un soldado le pidió rendición y Pringles le contestó que sólo se rendiría ante Quiroga, por lo que el soldado lo hirió gravemente de un balazo en el pecho. Pringles fue conducido agonizante durante dos días, y llegó sin vida al cuartel de campo de Quiroga, quien cubrió con su poncho al extinto coronel y reprendió severamente al montonero, diciéndole que no lo fusilaba para no manchar con su sangre el cuerpo del valiente enemigo. Era el 19 de marzo de 1831; un día para el final anunciado y emotivo del granadero; del hombre que tuvo una existencia intensa aunque sólo de 35 años; suficientes no obstante para hacerse merecedor a la presea de plata que decía: "A los que defendieron el orden en San Luis"; para haber recibido (como sus soldados) una medalla hecha acuñar por San Martín con la inscripción: ¡Gloria a los vencidos de Chancay!, y para ser condecorado con La Orden del Sol por Simón Bolívar. Por eso, cuando pasamos por la céntrica plaza Pringles de Córdoba y Paraguay, podríamos evocar un instante al "héroe de Chancay".
Edgardo Urraco