Sábado 13 de Junio de 2009
Hace setenta años Discépolo sintetizó la década infame con una frase: "El que no llora no mama/ y el que no roba es un gil". Las crisis de nuestro país parece favorecer una vez más las anomias, la falta de reglas claras, la vuelta a esas prácticas lamentables del pasado. Cualquiera que sale a patotear (como algunos piqueteros) o a presionar con sucios lobbies (como el implementado por los tiburones de la construcción que ahora pretenden alterar el Código Urbano) son rápidamente atendidos por el Ejecutivo y obtienen, con razón o no, alguna satisfacción a su demanda. En el medio y fuera del juego quedamos los ciudadanos honestos que pagamos puntualmente los impuestos pretendiendo vivir dignamente y seguimos confiando (¿tontamente?) en nuestros representantes y en la ley. ¿Estará la clase política local a la altura de la circunstancias? Si no es así, la fuerza triunfará sobre la razón y la política y la democracia irán perdiendo credibilidad. Ojalá que de una vez por todas las patotas no vuelvan a triunfar sobre los principios.
Esteban Di Stéfano
estebandistef@gmail.com