Previo al cónclave, cardenales piden reformar el gobierno del Vaticano
Mañana comenzarán las reuniones preparatorias del evento que en unas semanas elegirá al nuevo Papa. Purpurados de distintos países cuestionan la gestión de la Iglesia a cargo de la Curia romana y sus peleas internas.

Domingo 03 de Marzo de 2013

La búsqueda del sucesor de Benedicto XVI como jefe de la Iglesia católica ha comenzado, en momentos en que las lenguas de los cardenales se sueltan para criticar la gestión de la Iglesia y una renuncia histórica que sigue siendo incomprendida para un amplio abanico de prelados.

Mientras la mayoría de los 115 cardenales con derecho de voto (los que tienen menos de 80 años) arribó para despedir a Joseph Ratzinger el jueves pasado, el decano del colegio cardenalicio, Angelo Sodano, convocó por carta a todos los purpurados, con derecho de voto o sin él, para las primeras reuniones preparatorias (llamadas congregaciones generales) que comenzarán el lunes.

Durante estas reuniones se decidirá la fecha del próximo cónclave, que según estimaciones tendrá lugar después del 10 de marzo, con el fin de elegir un nuevo Pontífice. Justo a tiempo para que presida las ceremonias de Pascuas.

El cónclave está abierto y no hay un consenso sobre un nombre: Benedicto XVI, al partir, "no dejó un mensaje subliminal", dijo el cardenal capuchino estadounidense Sean OMalley en Roma.

El cardenal belga Godfried Dannels, por su parte, dijo que el sucesor deberá "tomar en manos la Curia" que está ciertamente desgobernada. Para Dannels, el nuevo Pontífice debe estar rodeado de un "consejo de la corona", compuesto de obispos y cardenales "provenientes de todos los continentes", en un ámbito "donde se pueda hablar de todo".

"Alguien debe ser capaz de remediar esto", dijo el ex primado de Bélgica, quien pidió una mayor "descentralización" y el surgimiento de una "cultura de debate casi ausente".

El jefe de la Iglesia católica en Australia, George Pell, estimó también que "la gestión no era el punto fuerte" de Benedicto XVI pero amplió su cuestionamiento más allá de la figura del renunciante: "Creo que la gestión del Vaticano está reservada para la mayoría de allegados al Papa y ésta no ha sido siempre brillante. No revelo nada al decir esto, es una opinión ampliamente compartida", dijo.

Para Pell, el sucesor "deberá ser capaz de levantar la moral de la Curia romana y tal vez reforzar la disciplina".

El prelado australiano había criticado la renuncia de Benedicto porque puede establecer una "ruptura un poco desestabilizante". "Los que, por ejemplo, estuvieran en desacuerdo con un futuro Papa se verían tentados de lanzar una campaña para empujarlo a renunciar", explicó.

A pesar de ser muy respetado por su mensaje religioso, Benedicto XVI ha sido criticado por su mala administración y por no haber logrado poner fin a las luchas internas en el Vaticano.

El caso Vatileaks en 2012 fue percibido como el producto de una pelea entre italianos, que siguen dominando el gobierno de la Iglesia.

Estas congregaciones generales, que se llevarán a cabo a puerta cerrada, son una oportunidad de poner sobre la mesa varios problemas, sostienen ciertos prelados y también vaticanistas.

El informe secreto que los tres cardenales Julián Herranz, Jozef Tomko y Salvatore De Giorgi han entregado a Benedicto XVI, y sólo a él, sobre corrupción y conductas sexuales impropias en el Vaticano, será puesto a disposición exclusiva del sucesor.

El informe, sobre el cual no se ha filtrado una línea pero que retrata un cuadro preocupante del malfuncionamiento de la Curia romana, pesa sobre el cónclave como una bomba de relojería.

Ello condicionará la elección del nuevo Papa, porque al elegido se le pedirá que realice urgentemente esa reforma de gobierno que Benedicto XVI ha dejado inacabada, so pena de que la Iglesia se precipite en un desorden institucional tal que pueda oscurecer su misión última y verdadera: reavivar la fe cristiana allí donde esté debilitada y llevarla donde aún no ha llegado.

Como hecho novedoso, producto de los tiempos de la información que corren, hoy el "cuarto poder", es decir los medios de comunicación, no dan tregua a los purpurados llamados al cónclave. Todo está bajo la mirada de los medios: casi 4.000 corresponsales de todo el mundo están pernoctando en Roma en estos momentos cubriendo el proceso.

Pero además de las miradas de los medios y demás injerencias externas, sobre el cónclave hay también presiones que proceden de dentro de la Iglesia.

Benedicto. Quien ahora tiene el título de "Papa Emérito" pasó sus primeras 24 horas de ex pontífice mirando televisión, orando y descansando.

"Llamé esta mañana (viernes) a su secretario, Monseñor Georg Gonswein, para pedir noticias: me dijo que Benedicto XVI estaba relajado, que había dormido muy bien, que el ambiente era de serenidad y de paz", relató el padre Federico Lombardi a la prensa.

Aguer denunció las presiones

El arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, denunció “presiones” desde la opinión pública sobre los cardenales que participarán en el cónclave para elegir al sucesor de Benedicto XVI. En su reflexión semanal por televisión, el prelado lamentó ayer la “charlatanería” que sobre el tema se difunde en las redes sociales y acusó a la prensa de opinar “con ligereza” de un tema que no conoce en profundidad. Tras reconocer que muchas veces “se ejercían presiones e influencias tremendas” a quienes iban a los cónclaves, recordó que la secretaría de Estado del Vaticano “publicó recientemente un comunicado que se refiere a la libertad de los cardenales”.