Jueves 01 de Octubre de 2009
Tegucigalpa. — La policía de Honduras detuvo ayer a una decena de seguidores del depuesto presidente Manuel Zelaya que ocupaban una oficina pública, mientras crecía la presión interna para que el gobierno de facto derogue la suspensión del estado de sitio. El decreto de excepción recibió una lluvia de rechazos a nivel internacional y hasta fue criticado por sectores locales que apoyaron el golpe de Estado, lo que llevó al presidente de facto, Roberto Micheletti, a afirmar que estudiaba levantar la suspensión instaurada por 45 días de la libertad de prensa, circulación y asociación.
Legisladores hondureños, entretanto, dejaron en claro que el Congreso revocará el decreto de seguridad si el gobierno interino no lo hace, afirmó Rigoberto Chang, un senador del conservador Partido Nacional. También la junta electoral avaló la suspensión del decreto.
Cansada de la turbulencia que ha paralizado Honduras, la elite política y empresarial del país ha estado exhortando a Micheletti para que se reúna cara a cara con Zelaya.
Desalojo y gases. Apoyados en el decreto, decenas de policías allanaron ayer el Instituto Nacional Agrario, desalojaron a 50 campesinos que estaban allí desde el golpe del 28 de junio que derrocó a Zelaya. Varios de ellos fueron detenidos. Militares también disolvieron con gases lacrimógenos una protesta frente a la presidencia de empleados de radio Globo, una emisora leal a Zelaya clausurada el lunes.
"Es imperativo que las autoridades de facto restablezcan por completo e inmediatamente los derechos civiles y constitucionales a los hondureños", dijo Dan Restrepo, asistente del presidente estadounidense, Barack Obama, para Latinoamérica.
Pese a los incidentes, un enviado de la Organización de Estados Americanos dijo que Zelaya y Micheletti podrían entablar el diálogo cuando una misión de cancilleres del grupo llegue a Honduras el 7 de octubre.
Dentro de la embajada sitiada por policías y soldados fuertemente armados, Zelaya celebró temprano el cumpleaños de su esposa Xiomara Castro y escuchó por teléfono el primer llanto de un nieto recién nacido, una noticia que le dio ánimo después de nueve días de encierro.