Lunes 01 de Marzo de 2010
Estoy francamente preocupado por el presente futbolístico de Rosario Central. Estoy escribiendo estas líneas días después de la penosa demostración ante Banfield y antes de jugar contra Colón, y sea cual fuere el resultado de ese partido —Dios quiera que ganemos—, mi opinión no va a cambiar y va a ser la misma que tengo desde hace mucho. Opino que la conducción del fútbol es calamitosa y propia de gente que desconoce totalmente la materia. La conducción, aparentemente monopolizada por el presidente y su hijo Manuel, se relajó sobre los 31 puntos de torneo pasado, se desprendieron de Jesús Méndez y luego sorpresivamente de Castillejos. Además incumplieron el anuncio de que con esa plata iban a traer un refuerzo de jerarquía. A duras penas, y sobre el cierre, ante los numerosos reclamos de la necesidad de otro arquero, trajeron uno. La llegada de Lucho Figueroa es muy positiva, pero por lo que vemos hasta ahora está ocurriendo lo que era de esperar: le van a faltar partidos para que él retome el nivel que seguramente conseguirá; el tema es que Central lo necesita ahora, ojalá que empiece mañana en Santa Fe. Hago responsable al presidente, a su hijo y quien haya estado manejando y decidiendo en el fútbol por la desidia conque encararon el tema: Central no se juega un campeonato, Central se juega la permanencia en primera y ellos no se dieron cuenta. Creo que la soberbia del presidente lo privó de rodearse de gente que conozca de fútbol para tener los contactos que le permitieran a Central comprar refuerzos que marquen la diferencia; no como la mayoría de los que llegaron que si empiezo a hacer la lista tengo que hacer otra carta. A propósito de esto, llegará el tiempo de aclarar en muchos casos quien aconsejó su llegada, quién los avaló y cuánto le costaron y cuánto le están costando al club.
Oscar Abdala,
San José de la Esquina