Preguntas a la Justicia
A un año del asesinato de mi hijo Julián Ferrero Datri, me he convertido en una participante pasiva e involuntaria de una historia realmente increíble. En la misma hay un crimen y un asesino, no existen dudas.

Miércoles 12 de Marzo de 2014

A un año del asesinato de mi hijo Julián Ferrero Datri, me he convertido en una participante pasiva e involuntaria de una historia realmente increíble. En la misma hay un crimen y un asesino, no existen dudas. Hay una víctima y hay muchas otras víctimas, familia, amigos, compañeros y conocidos que, en mayor o menor medida, sufrimos la tragedia. El asesino está a meses de cumplir la mayoría de edad, por este motivo está cubierto de garantías sabiéndose impune, en este marco aparece su familia mostrándose como una familia contenedora. Yo me pregunto, con dolor, por qué ahora, por qué no lo hicieron antes; la delincuencia no irrumpió en sus vidas el 9 de marzo de 2013, ellos convivían con esto hace ya mucho tiempo y era una crónica anunciada que en algún momento iba a cometer un delito mayor. Me pregunto también si este fue el primero. Y el dispositivo de garantías para el asesino parece no tener límites, por eso le conceden la oportunidad de "reinsertarse en la sociedad" a pocas cuadras de donde mató; a sólo una cuadra de mi casa; en su mismísimo hábitat, en el que se movía con su banda robando y amedrentando vecinos, exhibiéndose armado y haciendo gala de su peligrosidad. Sus garantías le permiten insertarse en el sistema educativo, le otorgan tratamiento psicológico, posibilidades que este criminal usa no por convicción sino porque le da la oportunidad de estar en la calle. Sus víctimas lo vemos, casi a diario, acompañado por su madre yendo a cumplir sus tareas diurnas, también jugando al fútbol en el terraplén, en la vereda de su casa con su banda, en la plaza de San Fernando, en Granadero Baigorria, paseando y andando en moto con sus compinches... La actitud vuelve a ser la exhibición y el amedrentamiento; la burla hacia el sistema que pretende incluirlo y, sin dudas, la certeza del triunfo de la cultura con la cual este criminal se identifica. Asisto pasivamente con mi familia a la reedición casi periódica de la tragedia cada vez que nos cruzamos con el asesino de Julián. Me pregunto por qué no hay garantías para nosotros; por qué no se nos permite transitar un duelo semejante, como corresponde; por qué se nos impone perversamente el contacto de vecindad con nuestro victimario; por qué se obstaculiza el proceso judicial influyendo en los testigos, atemorizados frente a este espectáculo de banda rearmada; y me pregunto por qué hacen que prevalezca la cultura de la delincuencia y de la impunidad siendo que hay una acusación de homicidio llevada adelante con idoneidad y honestidad por la Fiscalía. Alardeando su violencia de matón, le quita la vida a mi hijo, sus proyectos, su compromiso, todo lo que él no tiene ni es; destruye mi familia, nos arruina, nos atraviesa por la tragedia, por el dolor que nunca se va. Sin embargo, la ley está amparando a este criminal. Quizás la jurisprudencia pueda atender este caso. Frente a tantos crímenes sin posibilidad de resolución, el hecho de que el asesino de mi hijo espere su condena estando preso ayudaría a debilitar la idea de impunidad instalada. No hay palabra para nombrar la pérdida de un hijo, no hay consuelo ante la extrema y absurda violencia. Confío en que la Justicia me conceda un poco de tranquilidad.

Claudia Datri / DNI 14.729.461