Miércoles 08 de Febrero de 2012
La cultura maya comenzó a adquirir perfiles históricos a partir del año 300 de nuestra era. Los mayas no conocían la rueda ni la cría de animales para la producción de carne y leche; tampoco utilizaban animales para el transporte. Sin embrago, eran sumamente expertos en astronomía y cálculos del tiempo, para lo cual poseían un calendario astronómico de 365 días. En base a la astronomía pronosticaban los cambios climatéricos con tal acierto que hoy aquellas predicciones se están cumpliendo. Conjeturas de grandes disturbios naturales que actualmente se registran en la tierra: terremotos, maremotos, explosiones volcánicas, tsunamis, agujeros negros. El demiurgo maya, Hunan Ku, cerebro creador de todo y personaje mitológico que Polansky presenta en su libro el Popo Vuh, incluye predicciones, aunque parezcan imposibles, se está concretando en este 2012. La muerte de pájaros debido a la radioactividad solar, crisis global en la sociedad humana a causa de una energía extraña que estaría llegando desde el cosmos. Además, es de público conocimiento que nuestros científicos están descubriendo a cada momento cantidad fuera de lo común de agujeros negros. Pozos cósmicos de radiaciones que en grandes cantidades llegan hasta el sol. Este, al recibirlas las rechaza y como un espejo reflector las envía a la tierra, cuya acción magnética afecta el clima de nuestros polos. Un gran pensador, casi totalmente paralítico, Stephan Hawking, en su libro "El diseño cósmico" habla de que estamos habitando un superuniverso, no el físico que ocupamos, sino algo como de ficción. Un mundo maya, una ilusión, una especie de holograma; que es como querer en cosmografía mostrar un universo tridimensional sustentable por la física actual. A pesar de esto, los científicos sostienen que no hay nada que temer. La humanidad se está creando a sí misma condiciones psíquicas necesarias para que los cambios cósmicos no sean traumáticos. Aprendamos que todo lo que sucede en el microcosmo afecta al macrocosmo y que las leyes de las partículas subatómicas o las fuerzas de las supercuerdas no son más importantes que la físicamecanicista o newtoniana, como también la relatividad de Einstein. Hasta ahora, las predicciones mayas y la sabia naturaleza nada destruyen en contra de sí mismas. Al contrario, la naturaleza es cada vez más generosa en pos de su propia existencia.
Roberto Linares