Postales vivas
Recorrer la ciudad en la tarde de un domingo de Reyes, poco poblada y con baja circulación automotriz. Quizás las vacaciones que ya han comenzado para mucha gente, y el descanso de muchos otros que prefieren quedarse en casa, disfrutar y compartir...

Jueves 10 de Enero de 2013

Recorrer la ciudad en la tarde de un domingo de Reyes, poco poblada y con baja circulación automotriz. Quizás las vacaciones que ya han comenzado para mucha gente, y el descanso de muchos otros que prefieren quedarse en casa, disfrutar y compartir con la familia sea la otra explicación. Pero entre esa escasa población, hay nuevas postales que empiezan a hacerse más visibles: aleros, grandes locales de concesionarias, iglesias, grandes parapetos. Allí hay gente que se ha instalado, con algunas viejas frazadas, cajas de cartón y otros objetos rescatados de la recolección, que lejos de ser una vivienda precaria es una forma de supervivencia extrema. Hay jóvenes, hay gente mayor, hay gente muy grande, hay mujeres y niños. En una ciudad, con un país divorciado de la realidad, crecen formas espurias, groseras, imposibles de imaginar. Entre políticos que sonríen siempre y automóviles de alta gama, surgen estas postales entre las sombras de una sociedad que no termina de entender, y que se equivoca siempre. Que no sabe discernir entre el bien y el mal. Que aplaude la demagogia, y que se pone contenta porque se desa-credita al opositor. Y el opositor, no podemos descubrir a qué se opone, y el aplauso y la risa, que no se entienden. O que creen que si no miran o si no hablan de eso, no les va a ocurrir, o va a dejar de ser. En esta enorme inmadurez, la pobreza crece. Ya es habitual y no nos sorprende que familias enteras coman de la basura. En medio de algunas voces que se quejan por la utilización de la tracción a sangre, existen miles de carros con caballos, que hacen changas y que muchas veces son manejados por niños, cosa que ninguna norma de tránsito permite. En esa tracción vemos a quienes ya se han convertidos en tracción a sangre humana, que empujan carritos con enormes cargas de cartón y papeles, atados y haciendo un increíble equilibrio. Y muchísimas calles que desde hace tantísimo tiempo ya no tienen placa que las identifique y nadie sabe su nombre, ni tienen flechas que indiquen su sentido de circulación, y los baches interminables y profundos, y las vallas que en algunos casos los protegen, y esta desidia de no hacer, y la obra pública que se ha convertido en pintura y pincel, en carriles exclusivos, en maratones, en bicicleteadas, y en calles destinadas a ser peatonales algunos domingos. Y estamos hablando del regreso del tren ( que ojalá se concrete) como si estuviésemos planificando la misión al planeta Marte. Que enorme y persistente pobreza, mental y social. Que Dios nos proteja.

Miguel Amado Tomé / DNI 6.058.308