Miércoles 03 de Diciembre de 2014
El profesor Miguel Angel Porro, quien anteayer denunció que una estudiante de 12 años de una escuela de Villa Ballester colocó veneno en su botella de agua, manifestó no saber “quiénes son esas chicas. Yo tuve alumnas de segundo año, no recuerdo bien”, pero luego en declaraciones a Canal 13 admitió que Pizarro y Jaet “sí, fueron alumnas en segundo año”, con relación a las mujeres que ayer lo denunciaron.
“En aquel momento hubo un enfrentamiento entre la conducción (de la Enad) y el centro de estudiantes. Entonces esas chicas empezaron a hacer correr esos rumores”, dijo Porro, y afirmó: “Yo no he hecho nada”. Sin embargo, en declaraciones realizadas después en Canal 13 expresó: “Mi abogado me dijo en aquel momento que podría haber incurrido en abuso deshonesto”, en alusión al caso de la alumna a la que llevó en su automóvil. Tras las acusaciones Porro aseguró que esa serie de denuncias obedecieron a una “cama” que intentaron hacerle en medio de una disputa política en la escuela.
Recordó que nunca hubo ningún tipo de denuncia judicial, aunque admitió que se realizaron presentaciones ante el rectorado del establecimiento. “Se empezó a generar como una bola de nieve en el conservatorio”, recordó el profesor y aseguró que nunca tuvo una situación impropia con una alumna. En cambio, admitió que hubo “un enojo” por parte de alumnas de segundo año de la carrera por su forma de “conducir” la clase y por el hecho de que pedía que se queden después de hora para adquirir mayor conocimiento sobre el arte dramático, en su calidad de profesor de teatro.
El conflicto en el que enmarcó las situaciones fue por el funcionamiento de los “talleres de aplicación” en los que se les enseñaba arte dramático a personas que no eran alumnos y que lo tenían como uno de los docentes, emprendimiento que habría generado malestar en alumnos y otros docentes.
Al recordar una situación embarazosa o extraña, rememoró un episodio que vivió con una joven que asistía al taller y no era alumna.
“Era una chica introvertida, que se vestía y peinaba mal, que un día me llamó para consultarme si ir a la costa con un artesano. Fui a encontrarla un día de lluvia con mi auto, que era un viejo Fiat 1.500”, contó. “Me extrañó que estaba muy bien arreglada y que no me dijera nada. Por eso le dije que la llevaba adonde quisiera. Después interpreté eso como parte de la cama que me hicieron”, recordó.
El docente sostuvo que años más tarde se encontró con un ex alumno que le pidió “perdón” por la “cama” que le habían hecho.
Porro recordó que inclusive realizó una autodenuncia ante la Justicia con el fin de ser investigado.