Jueves 16 de Septiembre de 2010
En 1943, a 55 años del fallecimiento de Domingo F. Sarmiento, la Conferencia Interamericana de Educación (integrada por educadores de toda América) se reunió en Panamá y estableció el 11 de septiembre como Día del Maestro. Más allá de que hoy convengamos o no con esa fecha dado que la figura de Sarmiento es siempre controversial desde diferentes puntos de vista, fue sin dudas un defensor acérrimo de la educación pública, laica y obligatoria. Esto marca una diferencia esencial con la figura de José Manuel Estrada, fallecido el 17 de septiembre de 1894 y en cuya se memoria se estableció el Día del Profesor, quien más allá de sus indiscutibles méritos académicos y su innegable vocación docente, sostuvo siempre la posición de la educación religiosa, en este caso católica. Por esto mismo, creo que debieran reverse dos cuestiones esenciales: en primer término la de discriminar entre Día del Maestro (11/09 ) y Día del Profesor (17/09), ya que la condición de docente es una sola con independencia del nivel desde donde se ejerza la docencia y en segundo lugar, si vamos a honrar a los docentes recordando a uno de ellos, no pensemos en alguien que ya para su época era retrógrado como Estrada, porque unía fe con educación precisamente cuando se abría el país a todos los hombres y mujeres del mundo para que lo poblaran y educaran aquí a sus hijos. Entre tantos había muchos de otros credos, en los que Estrada nunca pensó o peor aún, pensó en exigirles un cambio de fe para acceder a la educación pública y obligatoria. Debería haber un solo día del docente y fijarlo en atención a quien pensó en la educación como un derecho al que no se le pueden oponer condiciones.
Carlos Italiano, latinia@fibertel.com.ar