Miércoles 27 de Febrero de 2013
Voy caminando por la calle con un auricular puesto y escucho que un hombre, cincuentón, que va caminando detrás mío le dice a su hija, de unos quince años, “rociaría las villas con querosén y los quemaría a todos”. En ese momento no supe si darme vuelta y empezar una acalorada discusión o hacer oídos sordos a la desgarradora ignorancia y egoísmo que está atravesando, lamentablemente, nuestra sociedad. Es fácil hablar de este lado, del lado de los que cuando llueve nos quedamos mirando la ventana disfrutando de ese espectáculo, de tener hambre y abrir la alacena para ver qué elegimos para comer; y dormir todas las noches en una cama confortable nos resulta moneda corriente. Del otro lado, están los que cada vez que llueve se les inunda la casa, que es una incógnita el cuándo van a dejar de tener hambre y que en una cama duermen tres personas o más. Y sí, a mí también me robaron, yo también me indigné, pero a veces no entiendo cómo yo con 18 años puedo ver cosas que los adultos no. Escuché por ahí que la indignación es el arma de los que se sienten molestos pero no hacen nada. Decidir hacer algo es poner un paso adelante de la indignación, del enojo, y dejar de lado el egoísmo, el “si yo tengo qué me importa el otro”, el “vayan a laburar”, porque es fácil de este lado, y estoy segura que quienes dicen eso nunca se detuvieron a pensar un minuto que lo único que los diferencia de esos que rociarían con querosén es la suerte que tuvieron de nacer en un hogar que les dio oportunidades. Ojalá que en algunos años mire para atrás y me de cuenta de que las cosas cambiaron, que dejamos de echarle la culpa al gobierno y empezamos a comprometernos todos como ciudadanos, tirando todos para el mismo lado, dejando de lado ideologías políticas y religiosas. Ojalá el día que tenga hijos pueda dejarles un país mejor.
Milagros Pivetta
DNI 38.448.339