Lunes 17 de Julio de 2023
La victoria de Juan Monteverde en la interna peronista fue la sorpresa en Rosario de estas Paso 2023. La derrota de Sukerman no era algo esperable, luego de la buena performance que había tenido en las últimas elecciones ejecutivas, pero pueden esbozarse algunas explicaciones por las cuales el postulante del justicialismo perdió 100 mil votos en cuatro años. El aporte del Movimiento Evita para "bañarlo de peronismo", captar electores del PJ y hacerlo entrar en algunos barrios.
No es cierto que el peronismo no va a tener candidato propio por primera vez desde la vuelta de la democracia. En 2007 y 2011 lo llevó como postulante a la intendencia a Héctor Cavallero, de extracción socialista, aunque con un armado mucho más relacionado a los aparatos del justicialismo. Monteverde es un outsider absoluto, con un marco ideológico con muchos puntos en común y hasta una visión de horizonte similar, pero estructura y ADN propios. Algo raro en lo que alguna vez fue llamada "la capital del peronismo".
Una de las razones de esta situación ciertamente inédita son los errores propios de Sukerman. En 2019 quedó a solo 8 mil votos de Pablo Javkin. Confiado en retener esa cosecha y tratando de sumar, el ex ministro se subió al frente Juntos Avancemos con Ciudad Futura para traccionar votos en sectores a los que no llegaba, y así lograr acercarse más al Palacio de los Leones recortando esa pequeña diferencia que le había negado el triunfo cuatro años antes.
Pero como dice el aclamado twittero Carlos Maslatón, en política el invento siempre revienta al inventor, y al final Ciudad Futura, con el aval del Movimiento Evita entre sus filas, le comió votos peronistas y le ganó la disputa. En las generales de 2019 Sukerman había juntado 171 mil votos, luego de cosechar 113 mil en las primarias y terminar como el candidato más votado. No tenía interna, mientras Javkin había dado la sorpresa ante la socialista Verónica Irizar.
En las Paso 2023, llegó a 72 mil. Una sangría de 100 mil votos que puede asociarse a la baja intensidad de su campaña, a su participación como ministro de Omar Perotti (primero en Trabajo, luego en Gobierno) en un gobierno gris que no llegó a enamorar a nadie en Rosario y que sufrió un estruendoso llamado de atención en estas elecciones primarias por la gran diferencia entre Maximiliano Pullaro y Marcelo Lewandowski. Finalmente, a su desaparición de la esfera pública en el último tiempo.
Quizás también hubo un error de lectura. El Sukerman de 2019, luego de 30 años de socialismo y en plena levantada peronista tras cuatro de Mauricio Macri, representaba un cambio y oxigenación en su segunda elección a intendente tras haber perdido en 2015. Pero después de cuatro años de una gestión provincial que tuvo muchas fallas y errores no forzados, especialmente en seguridad, y de un gobierno de Alberto Fernández que no le encontró la vuelta a la inflación, hoy la renovación parece estar en otro lado.
El Movimiento Evita y Ciudad Futura son identificadas como fuerzas jóvenes, dinámicas y críticas con esa herencia del justicialismo más tradicional que hoy representa el rafaelino y a la que Sukerman quedó de algún modo pegado, sin hacer demasiado por desvincularse.
En ascenso
Por el contrario a lo que hizo su rival, Monteverde logró sintonizar mejor con otro momento de la política y de la ciudad, retener todo lo que tenía e ir por más. En las Paso 2019 salió cuarto con 77 mil votos. En las generales, creció un poco hasta 79 mil, apenas detrás de Cambiemos que fue tercera fuerza con 81 mil. En 2021 se presentó a concejal y sacó 78 mil (en las primarias había estado flojo, con 35 mil). Este domingo, otra versión del candidato -moderado, más propositivo que denunciador, con saco y polera- se hizo con 77 mil votos nuevamente. ¿Será ese piso alto también su techo?
Tal vez la estrategia de la "Rosario sin miedo" se impuso como marca de esperanza en términos de marketing político, pero sobre todo prendió el mensaje de que se junten los que opinan parecido y venían compitiendo, repartiéndose votos en lugar de sumarlos. Ese sentido de la sensatez, del no sectarismo, de terminar con las divisiones y aunar fuerzas para jugar en serio logró instalarse en parte del electorado.
Más allá de que hizo una campaña muy activa, evidentemente el apoyo del Movimiento Evita le sirvió a Ciudad Futura para "bañar de peronismo" al candidato y entrar en algunos lugares, como barrios donde la militancia de la organización es muy firme. Pero sobre todo le aportó desde lo simbólico, porque -intuyen desde la alianza- muchos peronistas lo votaron en la interna.
Según datos de las mesas testigo de las propias fuerzas, Monteverde ganó su primaria en 18 de las 22 seccionales de la ciudad, con fuerza en el centro, macrocentro, la zona norte y el corredor oeste. Sukerman solo se impuso en las seccionales del sur y sudoeste profundo de la ciudad, bastiones históricos del peronismo clásico. El candidato de Ciudad Futura resultó el más votado, quedando primero en términos generales, en las seccionales 7º (Pichincha y Agote), 8º (Puerto Norte y Refinería), 9º (Lisandro de la Torre), 10º (Alberdi y el extremo norte) y Sub 2º (Nuevo Alberdi).
Expandirse
Pero este lunes arrancó otra campaña. Si quiere ser competitivo, Monteverde debe retener los 72 mil de Sukerman e ir a buscar votos a otro lado. Por eso ayer ya se vio la foto de ambos reunidos. Pero crecer no es una tarea fácil. Necesita muchos votos para llegar a los 220 mil que sacó entre todos sus candidatos el frente Unidos para Cambiar Santa Fe.
Hace cuatro años, el Frente Progresista sumó 178 mil sufragios en las primarias, y 181 mil en las generales. Pero Cambiemos (81 mil) iba por afuera. El peronismo había sacado 174 mil votos y Ciudad Futura 79 mil. Los dos bloques sumados mostraban muy poca diferencia. Esta fue seguramente la lectura que se hizo desde todos los espacios, y lo que terminó de acomodar dos grandes polos de centroderecha y centroizquierda.
Hoy Juntos por el Cambio y el ex Frente Progresista están juntos, y será difícil que ese voto más duro vaya a alguien como Monteverde, identificado con la centroizquierda y aliado con el kirchnerismo más combativo. Quizás Monteverde pueda apuntar a los que no fueron a votar (en 2019 creció de 65% a 68% la participación entre las dos instancias), o los desencantados con la política tradicional que optaron por Miguel Tessandori pero no comulgan con la actual conducción de la ciudad. Parece una tarea titánica.
El axioma qué comenzó a largar Ciudad Futura ni bien se conocieron los resultados fue continuidad o cambio de la gestión Javkin. Por ahí querrán captar algunas voluntades de centro. Pero las Paso fueron el plebiscito del actual intendente. En la general se define quién se hará cargo de conducir los destinos de una ciudad difícil con múltiples problemas en casi todos los órdenes. Tiene dos meses para intentar imprimirle ese mismo sentido a la general.