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Por qué el periodismo extranjero llegó a Rosario a dar cuenta del fenómeno narco

Les interesaba saber qué podía estar pasando en un territorio urbano que en solo tres años multiplicó por dos su cantidad de homicidios intencionales.

Domingo 07 de Septiembre de 2014

Desde fines de 2013 las redacciones de los diarios, los Tribunales y los ámbitos de gobierno en Rosario fueron recurrentes ámbitos de consulta de corresponsales de medios de prensa extranjeros. Lo que convocó la atención de esos trabajadores de prensa es el aumento de la criminalidad y de la violencia social en la mayor ciudad de la provincia, no tanto por lo que de ella se diga aquí, sino por lo que alcanzó a divulgarse en los países de los cuales esos cronistas son oriundos. Ellos se lanzaron a constatar en el terreno cuánto podía haber de verificable y cuánto de artificio en los relatos elaborados sobre un relieve urbano sacudido por algunos fenómenos que si bien no son exclusivos de Rosario tenían cierta originalidad.

   Les interesaba saber qué podía estar pasando en un territorio urbano que en solo tres años multiplicó por dos su cantidad de homicidios intencionales. También indagar sobre los búnkers de droga enclavados en lugares fijos, con adolescentes despachando a clientes o actuando como custodios armados. Otro factor de interés era la seguidilla de asesinatos cruentos en espacios abiertos de individuos relacionados con el hampa. Y las alusiones en expedientes judiciales y en la prensa de fuerzas de seguridad entreveradas con los actores del delito.

   Las miradas de estos cronistas son recortes de una realidad compleja y en transformación. Miradas parciales, con simplificaciones y errores. Pero también atractivas, en tanto portan la distancia distintiva de quien carece de los vínculos emotivos que localmente afectan los discursos sobre una realidad.

“Una desigualdad terrible”. Raymundo Pérez Arellano es un periodista del Distrito Federal de México que trabaja para la cadena televisiva Vice News. Estuvo en Rosario en mayo pasado y su indagación se plasmó en un documental de 30 minutos (http://www.vice.com/es_mx/vice-news/rosario-violencia-drogas-y-futbol-full) . “Nos interesó Rosario porque su tasa de homicidio es la más alta de Argentina. Pero quisimos ir a contar la historia allá porque, desde México, Argentina parece un país no acostumbrado a la violencia”, dijo.

   Lo que impresionó a este cronista es advertir en la ciudad un problema serio de drogas a nivel de consumo. “Se pueden comprar drogas las 24 horas del día y mi percepción es que hay muchos consumidores. Con esto veo que hay mercado y ese mercado se lo están disputando”.

   Arellano entiende que en Rosario hay una violencia controlable. “No es algo desbordado como en México y creo que están todavía muy lejos de que eso pase. En los allanamientos que he podido ver, los miembros de las bandas tienen armamento muy básico como pistolas y revólveres. Pero no vi los fusiles de asalto, las granadas, los barret, los lanzacohetes o los coches blindados. Tampoco vi enfrentamientos contra la autoridad. Y eso, creo, aun indica que hay un poco de respeto”.

   “Vi una desigualdad terrible en Rosario. Si vas al centro o al área del río se despliega una ciudad linda con todos los servicios, pero si vas a las villas ves la miseria. Y eso es un caldo de cultivo para los narcos, quienes buscan mano de obra barata, gente que no tenga nada que perder y la puedan reclutar fácilmente por tres pesos. La influencia de los grupos criminales no termina en la villa. Los narcotraficantes encontraron terreno fértil en una policia corrupta, un gran mercado de consumo para la droga y una ciudad llena de inversiones en bienes raíces. A esos factores se les debe atención”, dice Pérez Arellano.

   El periodista mexicano se muestra azorado por la corrupción policial que cataloga de impresionante. “Eso se da en todo el mundo, pero una cosa es que trabajes con ellos y la otra es que los narcos manden a policías, algo que pasaba en Rosario con la policía local, como pude ver en los expedientes. Eso también pasó en México y creo que es una de las cosas que primero se deben combatir. El problema está en que no frenen a los narcos cuando inician la violencia”.

   Respecto de los niveles de violencia, Arellano toma distancia del énfasis. “En México hay zonas en donde no pueden ir los periodistas debido al riesgo que corren en estar informando en esos sitios. En Rosario se puede andar con una cámara sin riesgo de ser asesinado o secuestrado. Creo que el narco ha permeado en muchos sectores de la sociedad. Que haya vínculos entre los narcos y el fútbol es grave. En México se ha visto que hay vínculos con algunas capas de la sociedad: políticos, sacerdotes, periodistas, deportistas. Y eso es lo más dificil de erradicar. Eso provoca que el narco, la violencia y la corrupción se normalicen y se vean como algo malo pero necesario en una sociedad. Creo que tienen una ciudad muy bonita, con personas cálidas y receptivas. Y que la sociedad está preocupada por lo que pasa. Esa sociedad es la que tiene que ir a retomar esos barrios hoy permeados por la violencia”.

Claves de la violencia. “Vinimos a Rosario por la sucesión de crímenes de alto impacto que la ciudad estaba sufriendo en los últimos meses, tras leer sobre enfrentamientos por el territorio, narcomenudeo y violencia juvenil a través de los medios”, afirma el español Ignacio de los Reyes, periodista de la BBC Mundo de Londres (http://www.ignaciodelosreyes.com/narco-sur/).

   De los Reyes dice haber advertido que algunos medios nacionales daban cuenta de una ciudad sitiada por el narcotráfico, con artículos que resultaban alarmantes para un lector ajeno a la realidad de Rosario. “Pero ciertamente, había datos oficiales que confirmaban un rápido incremento de las muertes violentas en pocos meses, una situación que las mismas autoridades locales acabaron reconociendo”.

    “El cóctel de violencia entre los jóvenes de los barrios más excluidos, la falta de oportunidades y la instalación del narco en la ciudad parece ser la clave de la violencia que ha puesto en alerta a la ciudad”, analizó el periodista. “Si hay algo en lo que Rosario puede parecerse a otros lugares desgarrados por el narco es que la profunda desconfianza de muchos adolescentes de barrios humildes en los políticos, en la sociedad civil y hasta en su propio futuro pueden ser el abono perfecto para el crecimiento del crimen organizado, experto en ofrecer dinero fácil, estatus y adrenalina a quienes no tienen mucho que perder”.

   El reporte elaborado por el equipo de la BBC se difundió en los países de habla inglesa e hispana abarcados por esa red británica. “Quisimos contar la realidad de Rosario de una manera lo más honesta posible, sin sobredimensionar el problema, pero tampoco negándolo. Nuestra visita coincidió con el megaoperativo de las fuerzas federales en diferentes barrios, la destrucción de búnkers y detenciones de supuestos narcotraficantes. Era la oportunidad perfecta para entender lo que ocurría en la que bautizaron como «la ciudad más violenta de Argentina»”.

   Antes de llegar a la Argentina trabajé durante dos años en México y Centroamérica, donde me tocó cubrir muy de cerca el crecimiento del narcotráfico, la violencia del crimen organizado y la guerra de los gobiernos contra los cárteles en zonas de disputa por el comercio de drogas. Sabía que los contextos eran claramente diferentes. Afortunadamente esta ciudad no parece ser una nueva Honduras, ni el próximo Juárez. Las bandas narcos ni por asomo tienen la sofisticación de los grandes cárteles latinoamericanos”.

   El corresponsal de la cadena inglesa entiende que “el negocio de la cocaína, la marihuana y las drogas de diseño está en manos de pequeños clanes locales que poco tienen que ver con La Familia Michoacana, el cártel de Sinaloa o Los Zetas, auténticas multinacionales del crimen que han diversificado sus negocios, desde la venta de drogas hasta la trata de personas, pasando por el tráfico de armas, gasolina y hasta minerales. Y la zona no sufre de los índices de impunidad, desgarro del tejido social o corrupción que pude ver en otros países. Pero eso no quiere decir que nada esté ocurriendo en Rosario”.

El factor fastidio. Francisco Peregil, de El País de Madrid, el mayor diario de España, estuvo una semana en Rosario. Su artículo editado en marzo en la portada del matutino (“Rosario, ciudad de búnkers y soldaditos” http://internacional.elpais.com/internacional/2014/03/22/actualidad/1395524012_283532.html) produjo una respuesta crítica e incómoda del gobierno de Antonio Bonfatti enviada a los medios de prensa.

   A Peregil no le importa añadir nada a una polémica que no es suya. “Me sorprendió de Rosario la vida apacible que se respiraba en los bulevares y en las inmediaciones del río. Y no me sorprendió tanto que el mayor porcentaje de muertes violentas se produzcan en los barrios pobres, en la periferia. Eso es lo que ocurre también en una ciudad mucho más violenta, Caracas, en la que he trabajado muchas veces” dijo.

   ”Lo que me parece distintivo de Rosario es que parece un laboratorio para afrontar políticas de lucha contra el narcotráfico. La situación es preocupante si se compara con otras zonas de Argentina, pero la ciudad es mucho menos violenta que otras del continente. Por tanto, creo que las distintas administraciones —intendencia, provincia y Nación— pueden contribuir a frenar esta plaga, el narcotráfico, que carcome las estructuras de muchos Estados. Mi percepción es que de a poco las autoridades de los distintos niveles adquieren conciencia de lo mucho que hay en juego”, sostuvo.

Desde lejos. Otro periodista e investigador que abordó la problemática fue Ross Eventon, del Instituto Transnacional de Amsterdam, Holanda, dedicado a estudios comparativos sobre narcotráfico e impacto urbano. Eventon produjo un informe de 16 páginas basado en extensa documentación y consultas. Su conclusión es que la pobreza y marginación social fueron estímulos para la expansión de bandas urbanas nada sofisticadas desde los 90.

“Las ganancias ilícitas se blanquearon en colaboración con abogados y asesores financieros locales y la corrupción entre la policía y los funcionarios locales ha garantizado que los principales traficantes, cuya identidad es bien conocida hace más de 20 años, puedan seguir operando con la única inquietud que les plantean las amenazas de sus rivales”, afirmó en su dossier.

   “Fui a Rosario por el alza de homicidios”, dijo Eventon a La Capital. “Cuando hay tanta corrupción o complicidad policial, oficial y jurídica en el problema, a veces por omisión, y cuando hay niños en la calle armados y drogados, la situación es obviamente grave. Nada se logrará comparando esta situación con otras; pero la comparación con Medellín es totalmente absurda. Si uno busca algo informativo, Jamaica, un pais de tránsito y consumo tambien, ha implementado algunas buenas politicas en los ultimos años. Me parece un error enfocarse en el narcotráfico y en el tema de drogas como fenómenos aislados”.

Orígenes. “Todo eso; violencia, narcotrafico, bandas, etc. provienen de la demanda, de la pobreza, la desigualdad, la complicidad junto con falta de acción estatal, la falta de educación en los niños pobres y los mas ricos quienes demandan cocaína y otras drogas ilícitas”, estima Eventon.

   “Hasta que el triple homicidio en villa Moreno arrastró el tráfico de drogas al ojo público, el tema ha recibido poca atención de los políticos. Los problemas contemporáneos son el legado de esa inacción; sin mencionar el cambio de rutas internacionales en los últimos años y la dinámica del comercio internacional de drogas y la demanda en Estados Unidos y Europa. Con extensos programas de educación para reducir la demanda de drogas ilícitas, la inversión en programas sociales en villas, y un genuino enfoque en grandes traficantes, la situación podría mejorar”.

   Eventon cree que “la decisión del gobierno de responder a la inseguridad con Gendarmería muestra métodos de la desastrosa guerra contra la droga de quienes, en la retórica al menos, afirma rechazar este enfoque. Militarización, o el aumento gradual de las fuerzas de seguridad no es más que un vendaje, una falsa promesa, que deja el problema de las causas en pie”.

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