Sábado 28 de Julio de 2012
El 24 de julio a las 9 de la mañana abordé el interno 161, ficha 2862, de la línea 110, en la parada 4.400. El semáforo hacía escasos segundos se había puesto en verde; en mi prisa por abordar la unidad apuré un poco mis pasos y me paré frente al coche, que amagó a detener su marcha pero en ningún momento lo hizo por completo. Subí, ya molesta porque debí hacer equilibrio al subirme con el coche en movimiento. Así y todo, el chofer me provocó pretendiendo que además lo saludara, y allí sí, aunque amablemente y sin perder mi educación, le repliqué que su bronca radicaba en que el quería aprovechar el verde del semáforo, y él sostuvo que yo no levanté mi mano, para hacer seña, es cierto. Sin embargo, ¿era necesario tratarme de loca, mogólica, y gritarme del modo más grosero, vulgar y mediocre que jamás escuche de un (si se puede decir) hombre? Además, ¿insultando así a gente con otras capacidades? Yo creo que no. Me insultó a los gritos, horrendamente, delante de un coche que iba lleno, y así, a los gritos manejaba. Se mostró impune y burlón ante mi aviso de tomar los datos del coche. Me sentí muy mal, la gente me miraba y me avergoncé mucho, le pedí que dejara de insultarme. Me pregunto hasta cuándo vamos a ser rehenes de los paupérrimos servicios públicos que son caros y malos? Jamás pensé que iba a vivir una situación así en un colectivo, los tomo todos los días y tengo un comportamiento adecuado; si bien yo olvidé hacer seña, no merecía tamaños insultos. Otro chofer hubiese detenido la unidad sin decir nada, como muchas veces pasa. De todos modos, no quiero ni pensar qué trato recibirán los abuelos, los discapacitados, si a mí me trató así. Es hora de que suban más inspectores a toda hora, que controlen más el servicio y que no se acuerden sólo que los colectivos existen cuando es hora de aumentar el pasaje.
Soledad Colle