Martes 12 de Noviembre de 2013
Los anales de la Iglesia Católica Argentina, guardan nombres de sacerdotes que se distinguieron por su acción en favor de la comunidad. Por supuesto, hoy es el Papa Francisco la figura que llena de orgullo a la grey católica de nuestro país. Pero no debemos olvidar a padres muy comprometidos con la problemática de la pobreza, que desarrollan su sacrificada labor en las zonas más carenciadas de las provincias. En Rosario se ha destacado en los últimos tiempos, el cura de la Parroquia de Nuevo Alberdi, Daniel Siñeriz, quien viene luchando firmemente en beneficio de la clase social más desprotegida del barrio. Y no podría finalizar este breve comentario sin mencionar al padre Tomás Santidrián, luminoso sinónimo de Hoprome; el Hogar para la Protección del Menor que fundara en 1976. En las “Charlas de Candi” publicadas por La Capital el miércoles 30 de octubre pasado, el autor informaba acerca de un ACV que había sufrido el padre Santidrián, y hacía un llamado a la fe de los creyentes de cualquier credo, para realizar una cadena de oración en favor del restablecimiento del conocido y querido sacerdote. Finalizaba su columna publicando algunos valiosos conceptos vertidos por el fundador de Hoprome, que hasta ahora no han hallado el eco necesario y contundente para modificar el proceder de los institutos de menores, que debieran fundamentarse en la capacitación, el estudio y una salida laboral para los internos; todo llevado a cabo en un marco de imprescindible cariño y respeto. Hay quienes no saben rezos, pero sí pueden expresar fervientes deseos, que es una forma de rezar. Estoy seguro que rezos y deseos se elevaron como palomas esperanzadas hacia un cielo de reconocimiento y amor, para pedir por la buena salud del incansable padre Tomás Santidrián.
Edgardo Urraco