Jueves 14 de Abril de 2022
Pese al ambicioso plan de bacheo, y la reconstrucción de calles y avenidas en 4 mil cuadras de la ciudad, los autos sufren los embates de los pozos en el asfalto que provocan pinchaduras, llanteos y daños en el tren delantero. Así lo revelan los testimonios en redes sociales, y también una ronda de consultas en gomerías y talleres de diversos puntos de Rosario donde dijeron que crece la demanda ante estas situaciones.
En enero pasado, el municipio presentó su programa de repavimentación y bacheo en las calles rosarinas. Y se dio en el marco del plan de obras lanzado en 2021 por más de 6.000 millones de pesos, con intervenciones de infraestructura, mejoramiento urbano, iluminación, reconversión de espacios públicos y reparación o reconstrucción de calles y avenidas que en conjunto abarcarán 4.000 cuadras.
Sin embargo, las quejas de los automovilistas están a la orden del día. Desde su cuenta de Twitter, Ana Celebroni puntualizó: “Acabo de pasar por el parque Alem. A 50 kilómetros por hora, como corresponde para cuidar al ciclista. Agarré un pozo-cráter y rompí llanta y neumático. ¿A quién le paso la factura? Tengo pagos todos mis impuestos”.
Las redes fueron acumulando quejas. “En Alberdi y Carballo hay una alcantarilla, en la vereda oeste, tan hundida en el pavimento que es una trampa peligrosa para ciclistas o motociclistas”, sostuvo Lore Calvagno.
Otro usuario apuntó: “J. C. Paz y Washington, doblás y tenés que esquivar dos pozos. Gurruchaga entre Agrelo y Rondeau, años que está el pozo, quizás haya festejo de cumple por su existencia”.
“Maipú al 700: pozo gigante, imposible esquivarlo”, aporta otra cuenta de la red social. Se sumaron otras quejas: “Sr. intendente Pablo Javkin, con la línea 153 R atravieso barrio La Cerámica y ahí me detengo; ocúpese de las calles que recorre dicha línea. Están llenas de baches, en cualquier momento se clava la rueda en un pozo”.
Gomerías
La Capital hizo un sondeo en gomerías y talleres mecánicos para corroborar las quejas con quienes deben arreglar las ruedas de los vehículos damnificados.
“Todos los días los clientes se quejan por los baches. Y acá, cerca del Gigante de Arroyito, llegando al estadio colocaron unos postes amarillos que los clientes se los llevan puestos a razón de dos o tres por semana. Rompen la goma. Y los baches están en Rosario y en los accesos viales. Reparar pinchaduras y llantas es como la inflación, ya estamos acostumbrados y la gente también. Es algo de todos los días”, señalaron desde Neumáticos Debona (Avellanera al 900 bis).
En Lamadrid al 1100 indicaron que los arreglos de ruedas rotas por baches son constantes. “Viene bastante parejo. Tanto por los pozos como por los fierros que sobresalen del asfalto y por la falta de limpieza en la calle que te impide ver los vidrios rotos que te rompen las cubiertas”, indicaron desde una gomería de la zona.
Desde Gálvez al 1000, el comercio del sector indicó que la calle “no está en condiciones, y ha aumentado bastante el trabajo. Los autos siempre llantean al romperse la cubierta”.
En Pellegrini al 2700 también coinciden. “Rompen cualquier cantidad de ruedas, llantean; y aumentó en el último tiempo. Es que los barrios están abandonados, se arreglan las calles más transitadas del centro, pero en la periferia están a full los pozos. Está repleto de baches”.
Desde un taller de San Martín al 2800, apuntaron que los daños en el tren delantero son cada vez más frecuentes por los baches. “Se arruina suspensión, amortiguadores, bujes, casoletas, hay golpes en los chapones. La parte baja delantera del coche sufre mucho y ahora sucede más seguido”, indicó un mecánico tallerista.
Golpe al bolsillo
El “chiste” de agarrar un pozo puede salirle a un conductor unos 800 pesos por pinchadura, más de 1.000 el vulcanizado y algo más por el llanteo de las ruedas.
Desde Car Center apuntan a las rutas y accesos a Rosario, más que a los baches urbanos. “Mucho Funes, Roldán, la ruta 11, la 91, 93, el golpe y el impacto se dan con el coche a una determinada velocidad”, apuntaron en el negocio. Los sufren mucho más los autos de alta gama con perfiles bajos de los neumáticos, donde el riesgo de doblar la llanta es aún mayor.