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Por ahora, el fin de ciclo kirchnerista viene con un pronóstico reservado

Los analistas que vienen anticipando desde el 2005 el final del gobierno que comenzó con Néstor Kirchner ingresaron en zona de interrogantes. Y muchos están nerviosos.

Lunes 13 de Octubre de 2014

El fin de ciclo kirchnerista ha venido funcionando como obsesión fallida de la oposición política y mediática. Ya se pronosticó en 2005, cuando Néstor y Cristina Kirchner deciden no subordinarse al duhaldismo en la provincia de Buenos Aires, y enfrentaron en la urnas al "inexpugnable" aparato del ex presidente interino. Cristina le ganó la senaduría a Chiche Duhalde por 3 a 1 en aquella elección. Fue la primera decisión política relevante del kirchnerismo contra la voluntad expresa del grupo Clarín. Que advirtió hasta el último día: con Eduardo Duhalde enfrente, ningún peronista podrá conducir el Conurbano. Nueve años después no es necesario explicar dónde quedó el "inexpugnable" duhaldismo.

Luego sobrevinino el "fin de ciclo" de 2007: los argentinos no iban a querer que una mujer los gobierne. Y el 2008, con la rebelión destituyente de las cámaras empresarias agropecuarias. El de 2009, con la floja elección —aunque sin perder su condición de primera minoría— kirchnerista de medio término. Luego, la formación del Grupo A en Diputados, la muerte del líder fundador.

En esa compulsión opositora por pronosticar lo que no sucedió, la elección de 2011 se lee como una "anomalía" que rápidamente se despejó: desde 2012 hasta hoy, el fin de ciclo avanza por simple crecimiento vegetativo. Si hasta un candidato, Sergio Massa, entiende que su mejor intervención política es instalar un cartel con una cuenta regresiva hasta el 10 de diciembre de 2015. El fin del kirchenrismo tendría un vencimiento ya cifrado.

Luego de la elección de 2013, presuntamente se abría "el libro de pases". "Porque los peronistas se van con el que gana, se van a ir con Massa", escribieron mil veces los analistas que confunden deseo con realidad. Pero un año después, en el tramo final de 2014, sucede que: el kirchnerismo conserva las mayorías en ambas Cámaras. Si bien hubo algunos pases puntuales de legisladores de un bloque a otro, se dieron en ambos sentidos. El balance numérico es similar a la composición de diciembre de 2013.

Por eso, porque tiene los votos, el Frente para Victoria (FpV) consigue quórum, y saca las leyes. "Y no por obra del espíritu santo", como dijo CFK, en la última semana, en un acto en la Casa Rosada.

Por lo demás, en el presunto e inexorable camino al cementerio, el kirchnerismo activa militantes de a miles. Llena estadios de fútbol con jóvenes. Tiene una conducción política indiscutida, y una orientación política neta. Y cuando la adversidad asoma, acelera.

Se vio en las últimas semanas. La Casa Rosada apuró y sancionó el Código Civil; la oposición se retiró del debate en Diputados buscando vaya a saber qué rebelión popular contra el nuevo Código Civil. Una semana después, llegó el golpe de nocaut para esa estrategia: Ricardo Lorenzzeti, Eugenio Raúl Zaffaroni y Elena Highton de Nolasco —Corte Suprema de Justicia— aplaudieron a CFK desde la primera fila. Fue en el acto de promulgación del Código, en la Casa Rosada.

Los pronósticos de fin de ciclo opositores también daban por hecho que —además de legisladores— se pasarían de bando los gobernadores peronistas. Pero resulta que la foto política más visitada de la semana no fue Massa con el gobernador peronista de Jujuy Eduardo Fellner. Fue Massa con el radical Gerardo Morales. Y el estallido de reproches se dio al interior del todavía existente Frente Amplio Unen.

En la misma semana, cuando Mauricio Macri se muestra en La Rioja y consigue plantear una hipótesis (Ramón Díaz gobernador), Luis Beder Herrera, el gobernador actual, del FpV, no se pasó al macrismo.

La unidad del PJ. También en simultáneo, el consejo nacional de PJ se muestra unido y robusto. Gobernadores, legisladores y La Cámpora, entre otros sectores, todos juntos, en la misma mesa. Por ahora, la diáspora kirchnerista, no sucede.

Como sea, es opinable, establecer una analogía entre el clima político actual y el de 2010. "Decían que estábamos muertos, pero resucitamos con los festejos de Bicentenario", dice un analista K que tiene los once años de gobierno, día por día, en la cabeza, y en el cuerpo.

El contexto económico de 2010 era bien distinto al actual. Y la perspectiva de un buen candidato del FpV (CFK), para 2011, al alcance de la mano, tampoco tiene correlato actual.

Sin embargo, el desconcierto ha comenzado a mojar las espaldas opositoras con sudor frío. El principal comunicador del grupo mediático que disciplina a la oposición política, Jorge Lanata, arremetió en la semana —en uno de los programas de radio más escuchados de la Argentina— con insultos desaforados contra el plantel de políticos que deberían darle satisfacciones. "Son todo una mierda", dijo, y los nombró de a uno.

La compulsión pronosticadora de "fin de ciclo K" ingresó en zona de interrogantes. Y mucha gente se pone nerviosa.

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